domingo, 23 de octubre de 2016

El Tribunal Constitucional, los toros y Cataluña


El Pleno del Tribunal Constitucional ha declarado inconstitucional y nulo el art. 1 de la Ley 28/2010 que prohíbe la celebración de corridas de toros y otros espectáculos taurinos en Cataluña. Este artículo modificaba la Ley de Protección Animal ya vigente en Cataluña añadiendo a las prohibiciones expresas « Las corridas de toros y los espectáculos con toros que incluyan la muerte del animal y la aplicación de las suertes de la pica, las banderillas y el estoque, así como los espectáculos taurinos de cualquier modalidad que tengan lugar dentro o fuera de las plazas de toros, salvo las fiestas con toros a que se refiere el apartado 2.» El TC considera que al ejercer su competencia para la regulación de los espectáculos públicos, la Generalitat ha “menoscabado” la competencia del Estado para la “preservación del patrimonio cultural común”, condición que las corridas de toros tienen atribuida por ley.

El TC señala el hecho “incontrovertido” de que “la tauromaquia tiene una indudable presencia en la realidad social de nuestro país”; asimismo, explica que las corridas de toros “son una actividad con múltiples facetas o aspectos que explican la concurrencia de competencias estatales y autonómicas en su regulación” dado “su complejo carácter como fenómeno histórico, cultural, social, artístico, económico y empresarial”. Como “una expresión más de carácter cultural”, las corridas de toros “pueden formar parte del patrimonio cultural común que permite una intervención del Estado dirigida a su preservación ex art. 149.2 CE”. En el ejercicio de esas competencias, derivadas del citado art. 149.2 CE, el Estado ha dictado un conjunto de normas a través de las cuales “ha declarado formalmente la Tauromaquia como patrimonio cultural”. La sentencia recuerda que la dimensión cultural de las corridas de toros, presente en la ley desde 1991 y mencionada por el Tribunal Supremo en 1998, se ha potenciado después con la aprobación de Ley 18/2013 para la regulación de la Tauromaquia y Ley 10/2015 para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Estas dos últimas normas, que fueron dictadas con posterioridad a la aprobación de la ley autonómica objeto del presente recurso y que no han sido recurridas ante este Tribunal, expresan una actuación legislativa “dirigida específicamente a la preservación de la manifestación que son las corridas de toros”.

En la Exposición de Motivos de la Ley 18/2013 se aclara que “la Tauromaquia comprende todo un conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas en torno al espectáculo taurino, que van desde la crianza y selección del toro de lidia, a la confección de la indumentaria de los toreros (los llamados trajes de luces), la música de las corridas, el diseño y producción de carteles, y que confluyen en la corrida de toros moderna y el arte de lidiar; y en un diálogo fluido y cercano entre público y artista. Por tanto, el presupuesto de esta norma es la afirmación de que la Tauromaquia es cultura, que comprende otras facetas dignas de protección además del propio espectáculo que se concreta en la corrida de toros moderna y, por ello, el reconocimiento de la Tauromaquia como patrimonio cultural supera la mera «conexión de los espectáculos taurinos con el fomento de la cultura”.

El TC usa una argumentación débil y contradictoria. Débil porque incorpora a sus motivos el hecho “incontrovertido” de que la tauromaquia es un patrimonio cultural común en España. Esto era un hecho hace 40 ó 60 años, pero hoy día ya no lo es. Así que alega un hecho que es dudoso. Por otro lado, sustenta su declaración de inconstitucional en que la Generalitat ha sobrepasado sus competencias al impedir al Estado proteger la tauromaquia. En la Ley 18/2013 se menciona que la tauromaquia es cultura y que va más allá de la corrida de toros moderna. El Parlament de Cataluña solo prohibió los espectáculos con toros donde se les diera muerte por coherencia con el resto de sus competencias en protección animal, pero no prohibió la tauromaquia, que es, como dice la propia Ley 18/2013, mucho más que la corrida de toros.

La competencia del Estado, en este asunto, es preservar y promocionar la tauromaquia, pero no imponer la misma a todos los españoles. En Cataluña la prohibición de las corridas de toros donde se diera muerte al animal surgió de la iniciativa legislativa popular. Una de las emblemáticas plazas de toros de Cataluña hace años que se cerró, se convirtió en un antro de suciedad y drogas y al final se reconvirtió en un gran centro comercial. Es decir, la tauromaquia no es una manifestación cultural propia sentida por la mayoría de catalanes. Que no se celebren corridas de toros en Cataluña no impide el desarrollo de la tauromaquia en aquellas regiones de España donde sea una tradición muy arraigada. Es en estas regiones donde el Estado debe fomentarla, pero no puede imponer su celebración o fomento en aquellas otras donde no sea una tradición popular.

A menos que lo que se pretenda sea proteger un negocio, tal y como declara la Ley 18/2013 sin ningún tipo de tapujos. Se considera la tauromaquia un sector empresarial y económico de gran importancia y que debe ser promocionado por los Poderes Públicos. ¡Qué vergüenza de ley! Es una vergüenza por la pobre técnica jurídica empleada en su confección –tuvo que hacerse deprisa y corriendo. Y es una vergüenza porque refleja la preferencia por parte de los legisladores hacia un sector empresarial. A esto se le llama privilegio –privillegium-, prohibido por nuestro ordenamiento jurídico. Y en base a esta ley débilmente motivada, vergonzosa y que roza el privilegio, el TC declara inconstitucional una norma aprobada por el pueblo catalán para proteger a los animales.

Es verdad que el pueblo debe respetar las decisiones de los jueces, pero también es verdad – deberían recordarlo más a menudo- que los jueces deben respetar las decisiones del pueblo.

lunes, 3 de octubre de 2016

La dignidad de los animales

El 4 de octubre es el Día Mundial de los Animales. Esta efeméride se ha hecho coincidir con el día que se conmemora la muerte de San Francisco de Asís. Francisco nació en Asís, Italia, dentro de una familia acomodada, en el año 1182, pero se despojó de todas las riquezas materiales y se dedicó a servir y ayudar no solo a sus semejantes, sino también a todos los seres vivos y a todos los animales, a los que consideraba hijos de Dios y llamaba "hermanos". En el momento presente, esta figura de la historia mística de Europa, nos obliga a volver a plantearnos si los animales tienen dignidad o no.
Durante muchos siglos se ha identificado la dignidad con el ser racional y, por esto mismo, se la negó a los animales. Sin embargo, en   la Antigüedad   encontramos   muchas   civilizaciones   que   tenían   un concepto mucho más amplio de la dignidad que entroncaba con el ser y no solamente con el pensar. Así, las culturas animistas laponas e inuits, reconocían un trato digno a todos los seres vivos y aun a la tierra, al mar y al fuego. La civilización del Indo, desde hace miles de años, amplía   la   vida   digna   a   determinados   animales   porque   se consideran sagrados. La dignidad no es un atributo exclusivo del hombre.   Sin   embargo, la   civilización   Occidental, en   determinado momento, llevada por el Humanismo y el Racionalismo, acota el objeto de la dignidad al ser humano porque es el único animal que piensa. La pregunta que hay que plantearse es ¿por qué el pensar origina la dignidad? Si algún doctor o catedrático de filosofía fuera capaz de responder a esta pregunta de manera satisfactoria, cejaría en mi lucha jurídica a favor de los animales. Tan convencido estoy de lo que defiendo que no me causa horror plantear que los animales también son personas y, por tanto, tienen una dignidad natural. No en vano la profesora de Derecho y Bioética Marín Castán afirma que la “dignidad   humana   es   un   concepto   difuso.   Presenta, por   tanto, dificultades   en   cuanto   a   su   determinación, caracterización   y definición.”
¿Cómo   podemos   estar   tan seguros de que la cualidad de persona y de dignidad solo pueden predicarse del hombre y de ningún ser vivo más, cuando no sabemos ni siquiera definir lo que es la dignidad? ¿De dónde se extrae la certeza? ¿No será más bien un prejuicio, un dogma, un presupuesto indemostrable del paradigma actual? ¿Acaso podemos negar a un deficiente mental una vida digna? ¿Cómo es que hablamos de una muerte digna para personas que han quedado en estado vegetativo y ya no piensan? Un trato indigno no es el que impide el pensamiento o la actividad racional, es el que nos impide vivir como lo que somos. Cuando a Sócrates se le ofreció como condena alternativa a la pena de muerte la prohibición de seguir enseñando a los jóvenes atenienses, el filósofo la rechazó porque para él vivir sin enseñar era una vida indigna que era peor que morir dignamente.   Es   que   la   dignidad   es   un   atributo   de   la   vida   y   no solamente de lo humano. Y lo humano, es obvio señalarlo, no es solamente el raciocinio, lo humano también es la voluntad, la disciplina, el amor, la intuición, la amistad, la capacidad de sacrificio, el morir por un ideal o por una persona o por un animal, aunque a los ojos de los demás pueda parecer irracional, etc.
Todos   los   animales   tienen   derecho   a   una   vida   digna, porque   la dignidad es la adecuada realización del propio ser. Desde este punto de vista filosófico platónico/pitagórico, todos los seres vivos tienen un ser que los define y en cuanto nacen viven buscando explicitar   de   su   propio   ser, es decir, evolucionar. Proteger   esta   realización   es reconocer   la   dignidad.   Y   todos   los   seres   vivos, reflexionen o no, sean auto-conscientes o no, vienen a la vida a realizarse, vienen a la vida para vivir dignamente.
En la llamada “Declaración de Cambridge”, Durante la Francis Crick Memorial Conference, en la Universidad de CambridgeInglaterra, realizada el 7 de julio de 2012, 13 neurocientíficos de renombradas instituciones, firmaron un manifiesto afirmando la existencia de conciencia en diversos animales no humanos: "Decidimos llegar a un consenso y hacer una declaración para el público que no es científico. Es obvio para todos en este salón que los animales tienen conciencia, pero no es obvio para el resto del mundo..." La Declaración expresa que «De la ausencia de neocórtex no parece concluirse que un organismo no experimente estados afectivos. Las evidencias convergentes indican que los animales no humanos tienen los sustratos neuroanatómicos, neuroquímicos, y neurofisiológicos de los estados de la conciencia junto con la capacidad de exhibir conductas intencionales. Consecuentemente, el grueso de la evidencia indica que los humanos no somos los únicos en poseer la base neurológica que da lugar a la conciencia. Los animales no humanos, incluyendo a todos los mamíferos y pájaros, y otras muchas criaturas, incluyendo a los pulpos, también poseen estos sustratos neurológicos.»

La evidencia es determinante: los animales son seres sintientes, conscientes –cada uno a su manera- y dignos. En el Día Mundial de los Animales reafirmemos la defensa de sus derechos, entre ellos, el derecho a una vida digna.

sábado, 3 de septiembre de 2016

La carne que se come a la Tierra




Hay muchas personas que se preocupan por el presente y el futuro del planeta Tierra. Al fin y al cabo es el lugar donde vivimos y viviremos. Todos somos conscientes de las ocupaciones humanas que están degradando la biosfera: el consumo de combustibles fósiles, la contaminación con plásticos, la desaparición de especies, la desertización, etc. Pero hay dos factores de los que muy poco se habla y que son causa de muchos problemas, además de los medioambientales. Uno es la superpoblación humana y otro la producción industrial de carne. Escribo en esta ocasión sobre el segundo factor.
Explica Peter Singer, uno de los pioneros del movimiento por los derechos de los animales, que Estados Unidos comenzó el siglo XX con algunos de los suelos cultivables más ricos y profundos del mundo. Progresivamente, la industria cárnica fue necesitando cada vez más alimento para alimentar al ganado y producir carne para consumo humano. En la actualidad, los métodos de cultivo que se utilizan son responsables de la pérdida de unas 7.000 toneladas anuales de tierra negra. Estos métodos agrícolas, además, requieren combustibles fósiles para la maquinaria y para la producción de fertilizantes químicos, perdiendo una de las características de la agricultura tradicional: ser un modo de utilizar la fertilidad del suelo y la energía proporcionada por la luz solar para incrementar la cantidad de energía disponible. El maíz cultivado por los pequeños agricultores mexicanos, por ejemplo, produce 83 calorías de energía por cada caloría de energía consumida por los combustibles fósiles utilizados. La carne de vacuno producida industrialmente en Estados Unidos invierte la ecuación: requiere 33 calorías de energía alimentaria que produce. El principal responsable es el hábito de consumir grandes cantidades de carne, especialmente de vacuno. Se están utilizando los mejores suelos cultivables para obtener grano y soja con que alimentar a reses, cerdos y pollos que sólo aportarán una mínima parte de su valor alimentario. 
En los últimos cuarenta años, más del 25% de los bosques de América Central han sido talados para que el ganado pueda pastar allí. En Brasil, han desaparecido más de 40 millones de hectáreas, una extensión mayor que todo Japón. Esto genera un problema añadido; cuando los bosques son talados liberan hacia la atmósfera miles de toneladas de dióxido de carbono, lo que hace aumentar el efecto invernadero. Además, el ganado emite con su ventosidades grandes cantidades de metano, el más potente de los gases causantes del efecto invernadero. Se estima que el ganado mundial produce el 20 % del metano liberado a la atmósfera. Un informe elaborado por la National Oceanic and Atmospheric Administration de Estados Unidos concluye que, en el lapso de una generación, 'puede ser peligroso vivir en muchas partes de las islas Marshall'. Esto ya es bastante preocupante, pero la pérdida de vidas humanas podría ser aún mayor en zonas bajas densamente pobladas como el delta del Nilo y la región delta de Bengala. ¿Cómo podemos solucionar estos problemas? Legalmente, tenemos directivas de la UE que aumentan las exigencias de bienestar de los animales en las granjas de explotación. En los EE.UU. existen leyes anti-crueldad que protegen las condiciones de vida de los animales destinados al consumo humano. Estas exigencias legales impiden el hacinamiento y la producción sin control, pero no son medidas suficientes. 
Aquellos ciudadanos que nos preocupamos seriamente por la sostenibilidad, no solo de la economía y la producción, sino de todas las formas de vida, podemos hacer mucho: si comemos carne comprarla proveniente de pequeñas granjas; si no comemos carne, evitar el consumo de otros productos derivados de las explotaciones ganaderas, como determinados piensos para animales, pieles y cueros de dudosa procedencia, así como dejar de adquirir productos de las grandes multinacionales de la alimentación que son, indudablemente, los principales agentes contaminantes. Si todos realizamos pequeños esfuerzos, podemos cuidar mejor este planeta que es la joya azul del Sistema Solar. 

lunes, 16 de mayo de 2016

El wesak en la ONU

En la 79ª sesión plenaria de la Asamblea de las Naciones Unidas, celebrada el 15 de diciembre de 1999, se decidió que se realizaran los arreglos pertinentes para la observancia internacional del Día de Vesak o Wesak en la Sede de las Naciones Unidas y otras oficinas de las Naciones Unidas, en reconocimiento de que el día del plenilunio del mes de mayo de cada año es el día más sagrado para los budistas, que conmemoran en esa fecha el nacimiento de Buda, su iluminación y su desencarnación. Esta decisión constituye, según la Asamblea, un homenaje a la contribución que el budismo, una de las religiones más antiguas del mundo, ha aportado durante más de dos milenios y medio y continúa aportando a la espiritualidad de la humanidad. Así, cada 20 de mayo, se dedica a recordar y reconocer el valor de las enseñanzas que Siddharta Gautama, el Buda, aportó a la humanidad.
Este reconocimiento es merecido por muchas razones. No existe religión en el mundo que pueda decir que no ha provocado derramamiento de sangre ni persecuciones, excepto el budismo. Es más, grandes gobernantes abandonaron la lucha y la violencia tras aceptar el budismo como religión personal, como fue el caso de Asoka. Tras 2.500 años de existencia, todavía hoy continúa siendo una vía de realización mística para millones de personas en el mundo. Además de poseer una faceta religiosa, presenta características filosóficas, ofreciendo una posibilidad de comprensión del sentido de la vida y una manera de vivir en base a las propias convicciones éticas. Por otro lado, el arte sacro budista, es un tesoro que engrandece el patrimonio de la humanidad; la fabulosa escultura del Buda de Kamakura, representando al Amida Buda, es uno de los miles de ejemplos.
Sin embargo, las tradiciones espirituales, los valores éticos y las ideas filosóficas del Budismo siguen siendo grandes desconocidas en Occidente. Por ejemplo, en las facultades de filosofía de España no se enseña la filosofía del Buda, como parte del programa oficial de estudios/créditos. Otro ejemplo, es el desconocimiento casi absoluto del Wesak, tan importante en el budismo como la ascensión de Jesús en el cristianismo (también tiene lugar su celebración en el mes de mayo).
La palabra “Wesak” o “Waisakh” en sánscrito corresponde con el mes de mayo o, mejor dicho, a la luna llena de Tauro en la que, según la tradición, se dieron los principales eventos de la vida de Gautama Buddha: el nacimiento, la iluminación y la muerte o desencarnación. Por esta razón el plenilunio de mayo viene siendo considerado un día particularmente solemne, celebrado por los budistas de todas las escuelas. Se cree que durante ese día, las influencias espirituales o divinas del Buda descienden benéficamente sobre el mundo, activando positivamente las conciencias a favor del amor, la fraternidad y la unión de todos los seres humanos. De la misma forma, Jesús el Cristo, ascendió a los cielos tras anunciarles a sus discípulos que les enviaría el Espíritu Santo. Y la celebración de la Ascensión en el cristianismo mantiene ese mismo mensaje.
Lógicamente, si una persona no cree en ello y no dirige siquiera un pensamiento a esa influencia poco le aprovechará, tal como el sol de la mañana no puede beneficiar a quien no ha abierto todavía las persianas de su cuarto. Por el contrario, aquel que dedica unos minutos a recordar el valor de ese día, recibirá una ráfaga de satisfacción interior. Las ceremonias y celebraciones que tienen lugar en el ámbito budista y, cada vez más, en otros foros, tienen como finalidad recoger de manera más consciente el mensaje interior del Nacido del Loto.
Aunque parezca lo contrario, las diferentes religiones del mundo mantienen unos estrechos lazos de familiaridad. Recordemos que el viaje nocturno a Jerusalén y la ascensión hasta el séptimo cielo de Mahoma se celebra como un hecho extraordinario en el Islam y, si bien no coincide con la muerte del Profeta, es un viaje de ida y vuelta del mensaje de Alá, como en el wesak budista y la ascensión cristiana. Los puntos de unión y coincidencia entre las religiones son mucho más numerosos que las divergencias. Un mismo espíritu las anima, un espíritu de bondad y amor vertebrado en la divinidad.

Por eso, la decisión de la ONU es un paso más hacia la concordia porque facilita un poco más el conocimiento de las diferentes religiones y el encuentro de todos los seres humanos en torno a un ideal de fraternidad.

miércoles, 4 de mayo de 2016

Urnas vacías

“Hijo, si algo no sirve tíralo a la basura, ¡pero que no se entere tu madre!”. Tengo la gran fortuna de haber aprendido de mis padres verdaderas lecciones de vida. Ellos no pudieron ir a la escuela porque su infancia transcurrió durante la post-guerra. Sus recuerdos no son de un patio pero sí de Sevilla. No eran aficionados a la lectura de los clásicos ni de los modernos, porque con lo de todos los días ya tenían bastante. Trabajar, cuidar del hogar, cultivar cuatro habas y unos tomates, sacar adelante a la familia, fueron sus libros de lectura obligada en la gran biblioteca de la vida. No sé si aprendieron mucho o poco de la vida, pero lo que aprendieron tenía el brillo refulgente de lo sensato. Y ellos nos inculcaron a todos los hermanos prudencia, honestidad, disciplina y veracidad.
En cierta ocasión en que le mostré a mi padre la pata de una mesa que ya no teníamos y que había encontrado en el trastero, me dijo lo que he escrito al inicio de este artículo. Aprendí muchas cosas de lo que me dijo y sigo aprendiendo cada vez que me paro a reflexionar sobre ello. Por ejemplo, los seres humanos tendemos a ser conservadores o progresistas, unos miran hacia el pasado con nostalgia y no quieren deshacerse de él y otros miran con esperanza hacia el mañana deseando liberarse de los pesos inútiles del ayer. Mi madre, ¡válgame dios!, era conservadora, no quería que tirásemos nada porque, como decía siempre, no se sabe si lo necesitaremos. Y así veíamos con estupefacción como en casa se acumulaban materiales, ropas, enseres, cacharros y abalorios, sin más utilidad que servir de tranquilizante para mi madre.
 A nivel político, ¡válgame el señor!, somos tremendamente conservadores, incluso más que mi bendita madre, porque sabemos a ciencia cierta que los políticos actuales ya no sirven y sin embargo, les votamos y les mantenemos en el poder para tranquilizarnos ante un incierto futuro que no sabemos cómo será. ¿Por qué afirmo tajantemente que los políticos ya no sirven? Los argumentos son muchos y variados. Citaré unos pocos para no cansar a vuecencia. A día de hoy siguen sin solucionarse problemas graves como las listas de espera en los hospitales públicos, la lentitud e inoperancia de la administración de justicia por la falta de medios, la insuficiencia de colegios y universidades para dar cabida a todos los niños y jóvenes que deben/quieren estudiar, le reforma de la ley electoral que es tremendamente injusta, etc. Estos temas los venimos arrastrando desde que comenzamos la democracia en España. Esto significa que los gobernantes y demás políticos no han sido capaces de solucionarlos tras más de 40 años. Si un auditor hiciera un profundo análisis de la situación de la “empresa” en la que estamos todos contratados, nos informaría que los representantes que hemos ido eligiendo para solucionar todos nuestros problemas no son útiles, no sirven. Mas, ahí no acaba la cosa…
Si no teníamos bastante con el triste espectáculo de la corrupción política y la falta de responsabilidad mostrada en los años de la crisis al no haberse rebajado el sueldo, renunciado a dietas y demás prebendas –hay que decir en honor de la verdad que algunos parlamentos y ayuntamientos rebajaron el sueldo un 1% y otros no se aplicaron ninguna subida salarial-, mientras una gran mayoría de ciudadanos debíamos tragar amargo y escupir dulce, ahora se le añade la incapacidad para ponerse de acuerdo y formar gobierno, arrastrando al país a otras elecciones. Las elecciones generan gasto público, es decir, se sufragan en gran parte con los impuesto que pagamos todos. Repetir en estos momentos unas elecciones es una tremenda irresponsabilidad. La UE ha anunciado que va a multar a España por haber sobrepasado y sobrepasar a corto plazo el déficit público máximo fijado. Es verdad que el gasto público, cuando se aplica a inversiones, puede ayudar a rebajar el déficit, pero en nuestro país los responsables de la economía nunca han sabido hacerlo de este modo.
Ante tal coyuntura, ¿qué hacer? Pienso sinceramente que no deberíamos votar a los políticos en las próximas elecciones. Creo necesario aplicar un castigo corrector ejemplar y no acudir a las urnas. Es el único medio que tenemos los ciudadanos para decirles de manera inequívoca que estamos hartos de su inoperancia, de su lentitud de reflejos, de sus favoritismos, de su partidismo ciego y de dejar al ciudadano en la cuneta demasiadas veces –léase afectados talidomida. El voto es un derecho político fundamental. Podemos usarlo como creamos más conveniente. Podemos ejercer una especie de objeción de conciencia y usar de nuestro derecho no acudiendo a depositar papeleta alguna. ¿Qué ocurriría si la abstención alcanzara el 80%? No lo sabemos porque nunca nos hemos encontrado ante tal circunstancia. Lo único que sé es que los políticos se llevarían un buen varapalo, una clara advertencia, un ERE justificado.
Sí, lo que no sirve mejor tirarlo a la basura, sobre todo cuando hasta el reciclaje es inútil. ¡Qué razón tenía mi padre!