martes, 22 de marzo de 2016

¡ERDOGAN TENEMOS UN PROBLEMA!


Desde este domingo día 20 de marzo las puertas de Europa están cerradas a los refugiados. Los jefes de Estado y de Gobierno de la UE firmaron el viernes en Bruselas un acuerdo por el que Turquía se compromete a aceptar la devolución sistemática de prácticamente todos los "migrantes irregulares" que lleguen a Grecia desde su costa, incluyendo a los refugiados. ¿Es legal este acuerdo? ¿Respeta la legislación internacional que protege a los refugiados?
Cuando los nacionales de un país se ven forzados a abandonar sus hogares y buscar protección en otro país, la comunidad internacional interviene para velar por que sus derechos fundamentales sean respetados. Tras la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General de las Naciones Unidas estableció el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). El mandato del ACNUR es proteger y buscar soluciones permanentes al problema de los refugiados. Sus actividades se fundan en un conjunto de normas e instrumentos internacionales, que incluye la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y los cuatro Convenios de Ginebra (1949) sobre el derecho internacional humanitario, así como una multitud de tratados y declaraciones internacionales y regionales que abordan específicamente las necesidades de los refugiados.
¿Quién es un refugiado? De conformidad con la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, un refugiado es una persona que: a) tiene fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, u opiniones políticas; b) se encuentra fuera del país de su nacionalidad y c) no puede o no quiere acogerse a la protección de ese país, o regresar a él a causa de dichos temores. La Convención de la OUA (Organización para la Unidad Africana) de 1969, amplía la definición de la Convención de 1951: Refugiado es toda persona que “debido a agresiones externas, ocupación, dominación extranjera u otros eventos que alteren gravemente el orden público en una parte o en la totalidad del territorio del país de su origen o nacionalidad”, se vea obligada a huir del lugar donde habitualmente reside. En 1984, un coloquio de representantes de los gobiernos de América Latina y de eminentes juristas adoptó la Declaración de Cartagena. Al igual que la Convención de la OUA, la Declaración extiende el ámbito de la definición consignada en la Convención de 1951 a las personas que han huido de sus países “porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público”.
La 78ª Conferencia de la Unión Interparlamentaria, celebrada en octubre de 1987 invitó a todos los parlamentos y gobiernos a tomar conciencia de su deber de proteger a los refugiados y dar acogida a las víctimas de la persecución política, tal como se define en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951. El Comité Ejecutivo del ACNUR reafirma que la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y su Protocolo de 1967 siguen siendo la base del régimen internacional de los refugiados.
Los países que han ratificado la Convención de 1951 (entre ellos todos los países que componen la UE) están obligados a proteger a los refugiados en su territorio de conformidad con sus disposiciones. La Convención consagra el derecho de un refugiado a ser protegido de un regreso forzoso, o devolución: "Ningún Estado Contratante podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas." El principio de no devolución se enuncia también en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, el IV Convenio de Ginebra de 1949, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, y los Principios relativos a una eficaz prevención e investigación de las ejecuciones extralegales, arbitrarias o sumarias. También en la Convención Europea de Salvaguardia de los Derechos Humanos y de la Libertades Fundamentales, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, la Convención sobre los refugiados de la OU, y la Declaración de El Cairo sobre la protección de los refugiados y los desplazados internos en el mundo árabe. Es ampliamente reconocido que el principio de no devolución forma parte del derecho internacional consuetudinario. Esto implica que incluso los Estados que no son partes en la Convención de 1951 deben respetarlo.
El acuerdo entre la UE y Turquía, si bien en la letra respeta los derechos de los refugiados porque habla de “migrantes irregulares” y no de refugiados, en realidad atenta gravemente contra estos derechos porque las causas de la migración forzada de estas personas son las mismas que las que describe la legislación internacional sobre los refugiados. Esta estratagema se llama en Derecho fraude de ley.
En realidad nos encontramos con un acuerdo bilateral para quitarse un problema de encima. La UE se ha visto desbordada y no ha sabido ser coherente con las primeras declaraciones que realizó al principio de la crisis de los refugiados; “Si fueran ustedes, con sus hijos en brazos, los que vieran cómo el mundo se deshace, no habría muro que no fueran a subir, no habría mar que no fueran a atravesar o frontera que cruzar para huir de la guerra o del Estado Islámico. Debemos acoger a los refugiados en la UE", declaró el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ante el Parlamento Europeo en septiembre de 2015. Los mandatarios europeos han pedido a Turquía que le quite la castaña del fuego y el gobierno de Erdogan ha  aprovechado la oportunidad para sacar tajada: 6.000 millones de euros y la promesa de adherir este país a la UE. ¡Qué vergüenza que se negocie con los seres humanos! Lo que han hecho la UE y Turquía es un delito de lesa humanidad llamado trata de personas. Las decenas de miles de personas que están llegado a Grecia desde mediados de marzo y las que sigan llegando han sido vendidas por Europa a Turquía por un precio de 6.000 millones de euros.
Los ciudadanos europeos no nos merecemos esto y por eso esta tarde os convocamos a todos a concentrarnos en la Plaza de España a las 19 h para protestar por esta grave falta contra los derechos de los refugiados. Vamos a encender velas para recordar a todas las familias que arrastran su miedo y desesperanza por las carreteras de Europa. ¡No faltes, tú también haces falta!

Francisco Capacete González



domingo, 10 de enero de 2016

Enanocracia

Estas navidades ha caído en mis manos el Diario del conde Kessler en el que recoge, este gentleman prusiano, sus vivencias y recuerdos del periodo 1893-1937. Curiosamente, el manuscrito de este Diario se encontró por casualidad en Mallorca donde residió durante algunos años. Alquiló un piso en el barrio de la Bonanova junto a su fiel amigo Max Goertz, y guardó sus cuadernos de notas en la caja fuerte de un banco sin que nadie pudiera dar razón del mismo.
Este libro contiene páginas memorables, al menos para mí que amo la política y la historia. Permitidme que os aclare que cuando digo “política” no me refiero a estar en un partido o en otro, dado que el partidismo es un ínfima parte de lo político. La Política es la ciencia y el arte de la convivencia efectiva entre los seres humanos. Es una ciencia porque exige conocimiento de la naturaleza humana. Y es un arte porque su objeto somos los seres humanos, un “material” que no puede gobernarse con meras fórmulas racionales, ni mucho menos económicas.
Como os decía, este libro contiene la crónica fresca y en directo de los entresijos de la Gran Guerra, siempre desde el punto de vista del autor. Alemán por parte de padre, irlandés por parte de madre y nacido en París, Harry Kessler se forjó un espíritu cosmopolita y universal. Entre sus amigos y conocidos se encuentran personajes como Verlaine, Munch, Strauss, Wolf, Einstein, Rodin, Rilke, Mann, Nietzsche, etc. Sus notas sobre los inicios de los combates en Europa y de las negociaciones posteriores, así como su visión de la naciente Sociedad de Naciones, son propias de un gran hombre de política, con una inteligencia profunda y visión a largo plazo.
Kessler advirtió que si la Sociedad de Naciones dejaba fuera de su organización a los trabajadores y las empresas, así como a los países no alineados, si no se creaba un derecho internacional vinculante, sería un fracaso. Y no se equivocó.
Esta lectura me ha hecho recordar otras tantas figuras de la política universal. Solón, Pericles, Escipión, Lincoln, Churchill, Augusto, Ashoka, Omar, Moro, Cronwell, Jefferson y cientos más, que fueron grandes políticos. A cada uno le tocó un pueblo y unas circunstancias diferentes. Algunos fueron emperadores y otros simples consejeros, como Confucio, pero ninguno de ellos fue mediocre. Pericles, por ejemplo, logró que sus conciudadanos superaran la crisis de la derrota y de la peste. Augusto, el Princeps, fue capaz de conseguir la paz en todo el Imperio Romano en varias ocasiones. Frente a sus pensamientos y sus acciones me siento pequeño. Sanamente pequeño porque puedo reconocer cuánto me queda por aprender. Desgraciadamente no puedo decir lo mismo de los políticos actuales. Cuando escucho o leo los pensamientos de los hombres y mujeres que ejercen de políticos, cuando observo sus actitudes y me entero de sus decisiones, no veo más que a iguales. Nada puedo aprender de ellos, no porque yo sepa muchas cosas o porque tenga desarrolladas muchas cualidades, no. No puedo aprender de ellos porque, como yo mismo, no saben muchas cosas ni pueden hacer gala de cualidades especiales.
¿Qué puedo aprender de Matas, Bauzá, Barceló, Armengol, Yllanes, Verger, Huertas, Ensenyat, Font, Pastor, Colau, Mas, Carmena, Rajoy, Sánchez, Putin, Obama, Erdogan, Hollande, Merkel, Maduro, Jinping, Jong Un,…? Me pregunto: ¿cuáles son sus ideas? Me respondo “no lo sé”, pues sólo hablan de propuestas. Me pregunto: ¿qué actitudes admiro en ellos? Respondo “ninguna”, porque les preocupa más su imagen en las redes sociales que ofrecer un ejemplo de fidelidad a sí mismos, de moralidad sincera y templanza estoica, cualidades fundamentales para ser político.
Escuchar al rey Felipe y a los respectivos presidentes autonómicos en sus discursos de Navidad me ha producido tristeza. En lugar de hablar de sus pueblos –a quienes demuestran no conocer-, de sus tradiciones, de sus valores, de la fraternidad, del simbolismo del solsticio de invierno o de los riesgos de excederse con el alcohol o la carne, invierten esos minutos de atención ciudadana en seguir haciendo política partidista. Un buen político sabe que a los ciudadanos no se les puede tratar de vender un programa a todas horas, porque entonces el político deja de serlo y se convierte en un comerciante de votos.
Cuando observo que los llamados “demócratas” son incapaces de aceptar el resultado de las urnas, se me cae el alma al suelo. Si la mayoría, en números absolutos, ha elegido a un partido con un candidato para ocupar el cargo de presidente, ¿por qué no lo aceptan y eligen, a su vez, en la votación parlamentaria, a ese candidato? Otros, cuando no salen vencedores, directamente acusan al pueblo de haberse equivocado. ¡Qué enanocracia! Cuando nos enteramos del uso del dinero público en infraestructuras inservibles o de las discusiones sobre los presupuestos sin ser capaces de aprobar una parte de ellos para que no falte dinero para lo más esencial, pienso en la escasa voluntad de gobernar bien que hay en todos ellos. Los mediocres gobiernan a los mediocres y así está la política actual, llena de enanos que hablan de manera mediocre, que administran de manera mediocre y que se las dan de “única alternativa” cuando unos y otros son lo mismo: la imagen más cruda de la mediocridad.
Estas palabras son duras y no dejan títere con cabeza, podrá pensar alguno de los lectores. Pero cuando en tiempos difíciles no paran de subir los impuestos y siguen cobrando lo mismo, preguntémonos ¿quiénes son los duros de corazón?

lunes, 7 de diciembre de 2015

El delito de maltrato animal y los espectáculos taurinos

A veces las cosas son tan evidentes que pasan desapercibidas ¿A quién no le ha pasado no ver las llaves que se encontraban delante de sus narices? Algo semejante está pasando en el mundo jurídico con el delito de maltrato animal y los espectáculos taurinos. Prácticamente todos los abogados, jueces y fiscales piensan que los maltratos de toros en  fiestas legalmente autorizadas no constituyen un delito de maltrato animal tipificado en el artículo 337 del Código Penal. Y se mantiene esta creencia porque en este artículo se castiga la producción de lesiones graves o la muerte de una animal cuando es injustificada (también se castiga la explotación sexual pero no viene al caso en este artículo). Y, claro, la mayoría piensan que la fiesta de los toros es una tradición tan española, de tan arraigada costumbre, que cuando el legislador introdujo el adverbio de modo “injustificada”, estaba pensando, entre otros supuestos, en los espectáculos taurinos.
Sin embargo, esta interpretación no es la correcta porque genera graves contradicciones. La primera es que si una persona lesiona gravemente o mata a un toro de lidia fuera de una plaza, en un contexto que no sea una corrida autorizada, comete el delito del artículo 337, mientras que si realiza la misma conducta en una plaza de toros, en un espectáculo organizado con todos los requisitos que manda la ley, no lo comete. El hecho es el mismo, el resultado también, pero la consecuencias no. Pero, ¿qué es lo que cambia? Que lo primero se hace a solas y lo segundo no. Resultaría que las leyes protegen, no a los toros, sino el goce de los espectadores, pero esto no es posible. Pero, y si las lesiones o muerte del toro se realiza en una fiesta pública no autorizada, ¿se comete delito de maltrato animal? En este caso estaríamos sin duda alguna ante la comisión del delito. De modo que cuando se interpreta que las lesiones o muertes justificadas de un toro se dan en el ámbito de una corrida autorizada legalmente, en una plaza de toros que cuenta con los permisos y autorizaciones pertinentes, en el fondo lo que se está protegiendo, no es la fiesta sino el negocio, la actividad mercantil, la recaudación de la empresa taurina.
Si el legislador hubiera querido proteger la fiesta de los toros como costumbre, tradición cultural o fenómeno etnológico, lo habría incluido expresamente en el texto del artículo 337 o en alguna disposición adicional, tal y como sucede en el delito de aborto, en el que hay una serie de casos expresamente excluidos. Pero no se ha hecho así. Es verdad que el apartado 4 del artículo 337 se dice “Los que, fuera de los supuestos a que se refieren los apartados anteriores de este artículo, maltrataren cruelmente a los animales domésticos o a cualesquiera otros en espectáculos no autorizados legalmente, serán castigados con una pena de multa de uno a seis meses.” ¿Qué quiere decir? Que en espectáculos autorizados legalmente –como es el caso de los espectáculos taurinos- se puede maltratar cruelmente. Claro está, siempre y cuando no se produzcan los resultados de los apartados anteriores: lesiones que agraven la salud o muerte del animal. Producir a un toro lesiones que agraven su salud o su muerte es un delito, por muy autorizado que esté el espectáculo.
Otra contradicción. Cuando en el texto del artículo 337 se dice que las lesiones o muertes injustificadas constituyen el delito de maltrato animal, nos obliga a buscar qué lesiones o muertes de animales domésticos están justificadas. Está claro que las que tienen como finalidad la alimentación humana, es decir que los matarifes que sacrifican animales destinados al consumo humano no cometen delito (ahora no entramos en la consideración de si se debe comer o no carne animal). Está claro que las lesiones o muertes que tienen como finalidad la experimentación científica no entran dentro del tipo penal, no son delito (tampoco entro en la consideración ética de estas prácticas). Un investigador que mata y disecciona a una rata de laboratorio –animal doméstico puesto que convive habitualmente con el hombre- para encontrar una vacuna no comete delito. Y, para algunos, también se incluyen dentro de las conductas justificadas las corridas de toros.
Esta inclusión encuentra un potente obstáculo en la Constitución Española. En ella se reconoce como derecho fundamental (artículo 15) la vida y a la integridad física –se sobreentiende que alimentarse es presupuesto básico de vida-; y también se reconoce como derecho fundamental (artículo 20.1.b) la producción y creación científica y técnica. Sin embargo, no se reconocen como un derecho fundamental  los espectáculos taurinos, ni el goce que puedan producir, ni la recaudación. De modo que la alimentación y el desarrollo científico son más importantes que los espectáculos taurinos. Incluir a estos últimos entre las actividades que pueden producir maltratos justificados, es crear una norma legal que contiene una discriminación no amparada por la Constitución, puesto que se estaría protegiendo igualmente un espectáculo –que no es un derecho fundamental- que la alimentación y el desarrollo científico. Y se pretende interpretar el artículo 337 de modo que las tres actividades sean igualmente importantes. Se pretende que para el legislador sea igual de importante el espectáculo que la alimentación o la investigación científica.
Para salvar estas graves contradicciones, debe interpretarse el Código Penal de modo que la palabra “injustificadamente”, haga referencia a las actividades destinadas al consumo humano, a la producción científica y, obviamente, la defensa propia o ajena ante el ataque de un animal doméstico, es decir, a los derechos fundamentales. Esta es la interpretación más coherente con la propia Carta Magna y las Declaraciones Universales de Derechos del Hombre.
Como especialista en Derecho Animal considero que las lesiones que agravan la integridad física y la salud de los toros o las muertes de los mismos, se produzcan en el ámbito que se produzcan, constituyen actualmente un delito de maltrato animal del artículo 337 del Código Penal, puesto que no están justificados. Y animo a la Administración del Estado a que impida la celebración de los espectáculos taurinos puesto que son actividades donde existe un alto riesgo de comisión de delitos.
Francisco Capacete González
Especialista en Derecho Animal
Socio de MAAT Abogados & Asociados

 


sábado, 5 de diciembre de 2015

La Filosofía, un estilo de vida



Nuestro queridísimo Ramón Llull, apodado “lo foll”, bien pudiera haber sido el modelo que inspirara el libro del mismo título –El Loco- del poeta libanés Khalil Gibran. Tanto el personaje de ficción como el filósofo mallorquín mantuvieron un estilo de vida basado en la búsqueda del conocimiento y el amor hacia todos los seres humanos. Philo-sophos, la palabra griega de la que deriva la latina “filosofía”, tiene varias acepciones relacionadas con esa forma de vida. Puede significar tanto el amor por la sabiduría, como el conocimiento del amor. Dos conceptos hijos de una misma idea: vivir apasionadamente el conocimiento de la vida y la búsqueda del sentido de la misma.

Con este preámbulo quiero unir dos eventos muy importantes, el 700 aniversario de la muerte del “Beato” y la declaración por la UNESCO del tercer jueves del mes de noviembre como el Día Mundial de la Filosofía. Este año 2015 debería ser una oportunidad para promocionar la filosofía, con todos los valores que contiene. El filosofar, entendido como una manera de vivir, aporta claridad mental, serenidad psicológica, respeto hacia lo diferente, capacidad de convivencia, ánimo descubridor, espíritu de aventura interior, formación ética, coherencia individual, inteligencia teórica y práctica, felicidad, mística, buen humor y capacidad de solucionar conflictos. Justamente, aporta una serie de valores y cualidades que son hoy más necesarios que nunca.

Sin embargo, los gobiernos de este país se llenan la boca de cifras y dejan frustradas las esperanzas educativas. Pareciera que todo va bien porque la macroeconomía presenta buenas cifras, baja la tasa de paro interanual, baja el déficit y se lanzan las campanas al vuelo. Pero, ¿qué pasa con los jóvenes, están recibiendo una correcta educación? ¿Qué pasa con los ancianos, quién les ayuda a afrontar con ánimo sereno el misterio de la muerte? ¿Qué pasa con los nuevos pobres –la otra cara de los nuevos ricos-quién les enseña que la derrota definitiva no existe, que siempre se puede volver a empezar? ¿Qué pasa con los jóvenes investigadores, quién se cuida de ellos? ¿Quién se cuida de enseñar a pensar, a sentir y a actuar con principios éticos? ¿Quién enseña a aprender de los propios errores? ¿Quién enseña a buscar a dios más allá de las religiones? ¿Quién enseña que todos los seres humanos vamos en un mismo barco y que si hace aguas el barco naufragamos todos? ¿Quién enseña a dialogar, a escuchar, a compartir ideas, a crecer juntos con el diálogo, a descubrir juntos nuevos horizontes del conocimiento? 

Todas estas preguntas y muchas más quedan sin respuesta por parte de los gobiernos de turno. Han perdido otra ocasión, sobre todo en Mallorca, para promocionar la filosofía y sus valores. No voy a entrar a considerar qué beneficios extraen los políticos de la incultura de los ciudadanos, pues tú, querido lector, ya lo sabes. Cuando Platón describió la Caverna como una alegoría de la sociedad sin educación, confeccionó una especie de plantilla que sirve para descubrir a los ignorantes que se disfrazan de sabios, a los niños sin carné de conducir que pretenden conducir a los demás o en palabras del flamante Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, Emilio Lledó, "un ignorante con poder político y repleto de ignorancia que determina nuestras vidas". 

Como homenaje a Ramón Llull y para celebrar el Día Mundial de la Filosofía, hablaremos de ésta como una forma de vivir. Las escuelas de filosofía helenísticas divulgaron el arte de vivir como un vía de perfeccionamiento personal y moral que conquista la alegría del alma (Martha Nussbaum). El filósofo francés Pierre Hadot nos dice que desde la Antigüedad hasta los llamados Padres de la Iglesia, la filosofía no se entendió como en la Edad Contemporánea: “filosofar era un estilo de vida y no una actividad teórica intelectual, un discurso, una pensar y nada más”. “La filosofía enseña a hacer, no a decir”, escribió Séneca. “Vano es el discurso del filósofo que no cura las enfermedades del alma”, enseñaban los epicúreos. Un filósofo, en la antigua Roma, era una persona que se esforzaba por vivir coherentemente sus ideas y principios morales. “Es necesario que la teoría se convierta en nosotros en naturaleza y vida”, escribió el neoplatónico Porfirio en el siglo III d.C.

Más modernamente, encontramos la misma idea. Mauricio Abadía, en su magnífico ensayo sobre otra civilización posible, dice: “Se lanza aquí una llamada a la filosofía. ¿Para qué? Para que esta, en su milenaria contribución a la humanidad, deje de ser (…) apenas un juguete en manos de malabaristas de conceptos”. Karl Jaspers, en su Introducción a la filosofía añade: “Si fuese vigorosa en su elaboración, convincente por sus argumentos y digna de fe por la integridad de sus expositores, la filosofía podría convertirse en instrumento de salvación. Solo ella tiene el poder de alterar nuestra forma de pensamiento. Aun delante del desastre posible y total, la filosofía seguiría preservando la dignidad del hombre en decadencia”.

¿En qué consiste este arte de vivir filosófico? Desde luego no se caracteriza por retirarse del mundanal ruido y vegetar en una cueva construida con libros. Una de las características fundamentales es ser útil a la sociedad. El filósofo debe ser un ejemplo de coherencia ética. Para ello debe vivir lo que piensa y pensar en función de lo que vive. Confucio decía de sí mismo “yo predico según mi práctica y practico según mi prédica”. Esta manera de estar con uno mismo y cumpliendo una función social aporta felicidad y serenidad. Al filosofar se pueden descubrir las ideas que explican coherentemente el sentido de la vida. Estas ideas se practican y se viven en base a los valores éticos que se desprenden de ellas. De modo que pensar, sentir y actuar son un todo que, como una orquesta bien conducida, produce música, es decir, armonía en el vivir. Los ciudadanos necesitan urgentemente estos ejemplos.

Otra característica es la humildad. ¿Quién puede jactarse de saberlo todo y más que ningún otro? Nadie. ¿Cuánto ignoramos acerca de la naturaleza y del cosmos? Muchísimo. ¿Cuánto conocemos de nosotros mismos? Una ínfima parte. Al reconocer lo que sabe y lo que no sabe, el filósofo desarrolla esa maravillosa cualidad humana que es la humildad, “la más preciosa piedra en la corona de las virtudes”. La humildad abre el camino del conocimiento, mientras que la vanidad intelectual, la soberbia y el orgullo lo obstaculizan. 

Es triste observar a filósofos que, disponiendo de miles de datos y definiciones en su cerebro, son incapaces de poner orden en sus actos y armonía en sus vidas. Conozco profesores de filosofía borrachos que llevan su infelicidad a las aulas; catedráticos de filosofía que están más pendientes de la venta de sus libros que de descubrir el alma de los estudiantes para enseñarles mejor. Afortunadamente, son una minoría; desgraciadamente, ese mal ejemplo eclipsa la cara luminosa de la filosofía.

Por estas razones, proponemos un renacimiento, una renovación en el mundo de la filosofía, para que vuelva a ser lo que es, una manera de vivir el presente, apoyándose en lo mejor del pasado y proyectándose hacia un futuro más humano. 


Francisco Capacete González

Marcha mundial por el Clima


Los ciudadanos somos cada vez más conscientes de cómo nos afecta el clima. Numerosas investigaciones se unen al saber de los hombres y mujeres del campo para decirnos que debemos cuidar el cielo y la tierra de nuestro planeta. Esta toma de conciencia no es suficiente porque existen intereses contrarios a la defensa del clima. Las negociaciones y los encuentros internacionales van demasiado lentos, mientras que el calentamiento global persiste y aumenta indefectiblemente.

El domingo 29 de noviembre, víspera del inicio de la Cumbre Mundial del Clima de París, los ciudadanos de todo el globo estamos convocados a manifestarnos para exigir a los representantes políticos presentes en la cumbre que tomen medidas contundentes y urgentes para combatir el cambio climático antes de que sea demasiado tarde.

En Palma, la cita será en Plaza de España, a las 12 h, en una convocatoria conjunta de diversos agentes sociales, coordinados por Es Racó de ses Idees, organización que ha tomado la iniciativa en Mallorca de la mano de Avaaz.org.

Según el IPCC (Panel Internacional de la ONU sobre Cambio Climático), la temperatura de la superficie terrestre ha aumentado aproximadamente 1°C en el último siglo, y al ritmo actual de emisiones, la temperatura global subirá entre 3 y 6°C en los próximos 100 años. Este cambio climático producido por la actividad humana será el más drástico en los últimos 100.000 años. Los efectos del cambio climático en las próximas décadas serán, entre otros, la degradación de los suelos, la desertificación, las inundaciones, la escasez de agua, el impacto de las sequías y los efectos de los fenómenos climáticos extremos. En las sociedades cuyas condiciones de supervivencia son ya de por si limitadas, producirá situaciones catastróficas ante las que no disponen de capacidad de respuesta. El colapso de las estructuras sociales y la escasez o degradación de los recursos de subsistencia causarán situaciones de crisis, conflictos y violencia. La Organización Mundial de la Salud lo plantea así: "El cambio climático con certeza conllevará una significativa pérdida de vidas humanas junto con la extinción de incontables especies de plantas y animales".

En las Cumbres Mundiales del Clima de Copenhague 2009 y Cancún 2010 se recalcó la necesidad de no sobrepasar el umbral de los +2° C, cifra a partir de la cual el problema del calentamiento global se nos iría definitivamente de las manos. Lamentablemente los acuerdos solamente están siendo declaraciones de intenciones, no de compromisos efectivos y ni vinculantes. España está entre los países más incumplidores del Protocolo de Kioto, lo que nos ha llevado a gastar más de 800 millones de euros en la compra de derechos de emisión.

Las soluciones son claras: por un lado dejar de emitir CO2, abandonando el carbón, los combustibles fósiles y apostar de una manera decidida por las renovables, por otro lado capturando el CO2 que ya se encuentra en la atmósfera fomentando la reforestación, y finalmente invertir en tecnologías que permitan ser más eficientes con el uso de la energía. La ciencia ha hablado, y ahora la pelota está en el tejado de la política y por tanto de la sociedad. Tenemos la responsabilidad de exigir a los gobiernos que asuman políticas climáticas y energéticas que nos mantengan lejos del aumento de la temperatura de 2°C. Debemos exigir a las grandes empresas emisoras de gases de efecto invernadero responsabilidad. Y debemos exigir a los gobiernos que las empresas causantes del cambio climático no sean las que decidan las políticas climáticas y energéticas.

Los ciudadanos sensibilizados por la defensa del clima y de la Tierra debemos reclamar que esos combustibles permanezcan bajo tierra y exigir una revolución energética. No se trata de confrontar posiciones, se trata de actuar en consonancia con nuestra conciencia. Todos sabemos que sobran productos industriales y de consumo en el mundo; se produce muchísimo más de lo que se necesita. Un pequeño ejemplo es la industria automovilística. En España se fabrican cada año más de 2 millones de coches y se matriculan una media de 700.000, es decir que se fabrica casi más del triple de lo necesario. La agresión al planeta y a todos sus habitantes no está justificada. Regresemos, todos juntos, hacia una manera de vivir más acorde con la naturaleza. Es muy posible que, además de estar más sanos, seamos más felices. La felicidad será el precio que, seguramente, tendremos que pagar por reducir, no la calidad de vida, sino la cantidad de cosas que acumulamos para vivir. Merecería la pena pagar este precio, ¿verdad?

Francisco Capacete