jueves, 6 de abril de 2023

¡QUÉ VIENEN LAS ELECCIONES!

 



  Próximamente, comenzará el circo de las elecciones autonómicas y locales. Ya no sé cuántas llevamos en este último periodo de democracia. He perdido la cuenta porque ni las elecciones ni los periodos legislativos se diferencian unos de otros. Y es una pena porque las elecciones son la piedra angular de un sistema democrático representativo. Vamos a reflexionar un poco sobre este tema con la intención de apoyar un mayor perfeccionamiento del sistema que redunde en una mejor práctica del oficio político.

Lo primero es llamar la atención acerca de cómo los políticos han pervertido la naturaleza de las elecciones. En lugar de informar a la ciudadanía durante el periodo electoral, se dedican a lanzar slogans y promesas. Al repasar las elecciones de los últimos 30 años, detectamos que el slogan más usado por todas las facciones políticas es el del cambio. “Nosotros representamos el cambio” repiten quienes ansían el poder cuando están en la oposición. En segundo lugar, aparece “los otros no son una real alternativa”, que suelen usar los partidos que están en el gobierno. Como en España -igualito que en el resto de Europa- se siguen alternando derechas e izquierdas, aquellos slogans los usan unos y otros indistintamente. “Nosotros somos la voz del pueblo” es otro lema repetido en las campañas electorales.

En lugar de asistir a unas verdaderas elecciones, nos encontramos ante una pantomima que representan unos bufones amaestrados por los asesores de imagen. No sé si usted piensa lo mismo que yo, pero me da vergüenza ajena contemplar el ridículo que hacen los políticos cuando ante las cámaras se ponen a hacer panades, se enfundan el delantal y despachan junto con la pescadera del mercado, hacen como que les interesa muchísimo lo que les explica el operario de la fábrica de quesos, estrechan manos, dan besos y sonríen más en unos pocos días que en los cuatro años anteriores. En realidad, no votamos a unos políticos, sino a unas imágenes retocadas y perfiladas por ordenador. Esas imágenes prometen el oro y el moro y nosotros nos las creemos. El problema es que quien después gobernará y nos representará no será la imagen, sino el político de siempre, el profesional que lleva toda su vida dedicado a la política y que, por consiguiente, seguirá haciendo lo mismo de siempre.

Para que tengamos unas reales elecciones donde podamos elegir libremente, necesitamos información. Los candidatos deberían pasar una auditoría para averiguar si lo que han hecho durante el periodo legislativo se corresponde con lo que prometieron en las anteriores elecciones y, lo más importante, para saber qué han hecho. Por ejemplo, cuánto tiempo han dedicado realmente a gobernar o a trabajar y cuánto tiempo han dedicado a hacerse fotos; dicho de otra manera, cuánto tiempo han pasado en sus despachos trabajando. Me da el pálpito que si se les hiciera una auditoría independiente, ninguno saldría bien parado. Por ejemplo, la Ley 19/2013, de 9 de diciembre, de transparencia, acceso a la información pública y buen gobierno, tiene por objeto la transparencia de la actividad pública, el acceso a la información relativa a aquella actividad y establecer las obligaciones de buen gobierno que deben cumplir los responsables públicos. Han pasado diez años desde su aprobación y ningún partido político la está cumpliendo en su totalidad. Falta mucha transparencia y el acceso a la información pública está llena de obstáculos. Esta ley es fundamental para que los ciudadanos tengamos la información suficiente para tomar nuestras decisiones a la hora de depositar nuestra confianza en las urnas. ¿Creen ustedes que esto es una prioridad para los políticos a la hora de dar a los ciudadanos una real información y, por lo tanto, libertad de cara a las elecciones? Francamente, no.

Para terminar algunos apuntes éticos. Nuestros representantes deben ser un ejemplo exquisito de moral pública puesto que nos representan. Pero esto no les preocupa, se insultan, se gritan, mienten intencionadamente, traicionan a sus partidos para irse con otro e intentar obtener más votos, etc. Cuando se habla de representar al pueblo, los políticos lo que entienden es ir en coches y aviones lujosos, con chófer privado, ser invitados a festines, cenas de gala, inauguraciones, sentarse en preferente en competiciones deportivas, viajar con todos los gastos pagados a ferias internacionales, etc., porque ¡son los “representantes del pueblo”! Pero eso de tener una conducta ética intachable porque representan a los ciudadanos no les interesa, no quieren esforzarse. ¿Saben ustedes por qué? Yo también.

¡A votar, vayamos a votar! Pero ¿a quién, a qué?

 

Francisco Capacete González

Filósofo, abogado y escritor

 

martes, 22 de noviembre de 2022

¿SÓLO QATAR?

 


Si recordamos lo que ha costado en tiempo, sufrimiento y vidas humanas la defensa de los derechos humanos, estaremos de acuerdo en que su defensa hoy en día siga siendo una prioridad. No olvidemos que aquellos derechos inalienables y fundamentales de los seres humanos siguen siendo pisoteados en la mayor parte del planeta, en la mayoría de los países, independientemente del régimen con que se gobiernen.

Con ocasión de la celebración de la Copa del Mundo de fútbol en el Estado de Qatar, salta a la palestra de la actualidad la débil consistencia de los derechos humanos. Un Estado acusado de financiar el terrorismo, donde la mujer vive una especie de apartheid, en el que las condiciones laborales y de vida de los trabajadores inmigrantes son indignas e inhumanas, aún contando con un PIB per cápita que duplica el de España y muy superior al de Alemania, es decir, con una riqueza productiva enorme, ha hecho que muchos denuncien la oscura concesión de la celebración del campeonato futbolístico al qatarí.

Este hecho no deja de sorprenderme cuando con la memoria reviso la celebración de eventos deportivos internacionales en otros países donde los derechos humanos son pisoteados y no generaron tal avalancha de críticas. Por ejemplo, cuando los JJ.OO. de Invierno de Beijing. Me pregunto si los medios no tendrán una especie de pacto secreto para disparar a muerte a algunos y rascar apenas la pancita a otros ante los mismos hechos. Lo cierto es que China y Qatar tienen en común el ser un régimen dictatorial, uno bajo la forma de democracia popular y otro bajo la monárquica.

En Beijing todo fue maravilloso. Y eso que planeó el fantasma real de la Covid-19. Pocos medios se hicieron eco del coste humano que hubo que pagar para la contención de la epidemia durante los Juegos o la explotación laboral e infantil que toleran China/COI en la fabricación de los souvenirs olímpicos. Entonces, ¿por qué el actual ensañamiento con el Estado qatarí?

Por ejemplo, he leído por ahí que en Qatar, desde 2000 a 2010, las muertes ocurridas en el trabajo han superado las 10.000. En realidad, estas cifras no son muy superiores a los accidentes laborales con resultado de muerte en España en ese mismo periodo. También se llama la atención acerca de la discriminación de la mujer o, al menos, de la sumisión legal de la mujer al hombre. Este hecho negativo no debe impedirnos ver que la discriminación de la mujer sigue siendo un hecho cotidiano en España ¿Saben ustedes la diferencia salarial que hay entre hombres y mujeres en nuestro país? Según la última Encuesta Anual de Estructura Salarial, publicada por el INE este año, la brecha salarial efectiva en España se sitúa en un 18,7%. Los hombres cobran de media unos 5.175 euros anuales más que las mujeres por el mismo trabajo, con la misma categoría.

Se recuerda, si bien no tiene nada que ver con Qatar, al príncipe saudí que supuestamente ordenó la ejecución de un periodista y que goza de inmunidad (toda leña vale cuando se quiere hacer un fuego más grande). Y deberíamos añadir a la lista a miembros de las monarquías europeas que, por otros supuestos ilícitos, también gozan de inmunidad fáctica.

Otra información que se repite en todos los medios es el hecho de la prohibición de venta de cerveza en los estadios donde se juegan los partidos de la Copa del Mundo ¡cómo si fuera un atentado a la libertad! Para los extranjeros no está prohibido el consumo de alcohol en el país anfitrión del campeonato. Lo que ha sucedido es que se ha dictado una norma para un mejor desarrollo de los encuentros deportivos. Al fin y al cabo, en muchísimos países se limita el consumo de alcohol por los perjuicios que ocasiona. Es más, su venta está prohibida a los menores de edad. Sinceramente, soy de la opinión que deberíamos celebrar la prohibición de consumo de cerveza establecida por la FIFA en la Copa del Mundo, porque es, más allá de la motivación religiosa, un magnífico ejemplo para, desde el deporte de élite, promocionar la reducción de consumo de alcohol. Pero claro, como la prohibición procede de una dictadura entonces es mala, sí o sí. Las dictaduras son malas, malísimas, esto está claro. La cuestión es que lo son todas sin excepción. No unas más y otras menos. Las decisiones correctas son correctas provengan de quien provengan y las incorrectas lo mismo.

Y, por último, no dejo de pensar en la cortina de humo que representan las publicaciones críticas con el régimen qatarí. Humo que se genera artificialmente para que no prestemos atención a los atentados a los derechos humanos que se dan también en los estados democráticos. Pésimas condiciones laborales de inmigrantes y nacionales, condiciones abusivas de la banca a las familias desfavorecidas, precios de la vivienda totalmente desorbitados impuestos por la dictadura de los avaros, corrupción política y administrativa, engaño al electorado, manipulación de la opinión pública a través de las tenebrosas aplicaciones de las redes sociales, descuido de la atención médica primaria (derecho fundamental), etc.

¡No, señores, no es sólo Qatar!

 

Francisco Capacete González

Filósofo y escritor










sábado, 12 de marzo de 2022

Europa y sus gastos de defensa

 

Hace pocos días este medio informaba que la UE ha decido aumentar el gasto de defensa. Según las fuentes esta decisión viene motivada por el reciente conflicto bélico entre Rusia y Ucrania. En la misma noticia, un poco más abajo, se informa que las compras e inversiones militares conjuntas de la UE están a la baja desde 2016 y muy lejos del objetivo de realizar el 35 % de gasto conjunto. Este dato parece justificar por sí mismo que la Unión Europea decida gastar más en defensa. Sin embargo, en una información sesgada que no contempla la totalidad y provoca, en consecuencia, una opinión interesada. Cuando se manipula la opinión de los demás con argumentos verosímiles, pero no verdaderos, nos encontramos ante un sofisma. La agencia de comunicación de la UE nos está queriendo vender la moto.

En realidad, el gasto militar en el seno de la Unión Europea no ha parado de subir. Alcanzó en 2020 su máximo histórico con 198.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 5 % con respecto a la cifra del anterior, que ya supuso otro récord. Y en 2022 los líderes deciden seguir incrementando el gasto. Me pregunto por qué razón el servicio de información de la UE ha necesitado disfrazar la decisión tomada en Versalles. ¿Por qué inserta el dato de que el gasto común decrece? ¿Por qué oculta el dato de que el gasto en defensa militar de cada Estado miembro no para de crecer? ¡Aquí hay gato encerrado! Vamos a descubrirlo.

En primer lugar, tenemos que recordar algo de sentido común, si compras algo es para utilizarlo. Si los países compran armas es con la intención de sacarles un provecho. Los gobernantes de las grandes potencias no hacen nada por nada, todo tiene un objetivo y un interés. Ahora bien, ¿cómo y dónde usa la UE los equipamientos militares que compra cada año si en Europa no hay guerras? Evidentemente, hay dos usos fundamentales. Uno práctico y directo, como el que se hace en todas las misiones de “paz” desplegadas en el extranjero. Y otro propagandístico o de imagen. En este caso, la utilidad reside en la prevención, como si al tener más armas le estuviéramos diciendo a los potenciales enemigos: “oye, ni se te ocurra meterte conmigo, mira los juguetitos que me he comprao!”. Este uso tiene un inconveniente, que esos potenciales enemigos van a averiguar si los “juguetitos” que te has comprado se han quedado obsoletos o no. De modo que para que la propaganda sea efectiva, los Estados deben seguir adquiriendo las novedades del mercado militar. Esta es la razón de que la UE haya aumentado casi un 200 % su adquisición de naves militares no tripuladas, porque esto es lo último de lo último.

Vale, hasta aquí todo es normal. Pero, ¿qué hace la UE con todo el equipamiento militar que queda anticuado? ¿Lo destruye, lo regala, lo revende? Ante la guerra ruso-ucraniana, la UE ha decido incrementar la ayuda militar a Ucrania en 1.000 millones, que se van a sacar del Fondo Europeo en Apoyo de la Paz (FEAP). Este fondo es ya el colmo de la estafa a los ciudadanos. Resulta que, por ejemplo, si Francia invierte su equipamiento militar en un conflicto bélico con la intención de mantener o asegurar la paz, siempre que sea dentro de una decisión conjunta de la UE, ésta le pagará el coste de todo ese equipamiento. ¿Esto qué significa? Que los ciudadanos europeos pagamos dos veces por lo mismo, dado que el presupuesto del FEAP sale de los impuestos que pagamos. O sea, que un Estado miembro compra armamento con los impuestos de los ciudadanos y de los impuestos sale el dinero disponible del FEAP. Primero se compran armas y luego nos las hacen pagar otra vez. O, dicho de otro modo, los Estados miembros se subvencionan a sí mismos sus juegos de guerra ¿Será esta una manera encubierta de deshacerse del armamento que va quedando obsoleto? Es muy posible, porque el equipamiento militar que se invierte en determinados conflictos no es el de última generación. Esto viene ya de lejos. El gobierno de Aznar donó a Afganistán 17.000 toneladas de armamento y a día de hoy no se tiene constancia del tipo de armamento que se donó. El Pentágono ha informado que el material táctico y militar que EE.UU. donó al gobierno pro-occidental afgano era obsoleto. España y la UE hicieron un tanto de lo mismo. Al final, ¿quién sale ganado? Los proveedores de armas, los “señores de la guerra”.

Aún nos queda otra cuestión. Para que este encaje de bolillos contable funcione tienen que haber guerras, sin guerras no puede amortizarse el gasto en defensa. Y en la creación de guerras tan malo es el que la inicia como el que la provoca. Para el geo-estratega Pedro Baños, Coronel del Ejército de Tierra, la guerra entre Rusia y Ucrania ha sido una consecuencia de muchos factores, históricos unos, políticos y económicos otros. Los EE.UU. y la UE han propiciado con sus movimientos estratégicos en la región la decisión rusa de iniciar un conflicto bélico. Por su parte, Rusia ha tomado la decisión consciente de entrar en guerra e invadir Ucrania. Aquí no hay buenos, todos son meretrices de las grandes corporaciones mercantiles. Y les importa un bledo el sufrimiento de la gente, las muertes y el dolor inmenso de personas concretas, reales que padecen indefensos los estragos de una política desvergonzada y sin alma.

¡Qué bien les va la guerra a los líderes europeos para seguir aumentando sus gastos de defensa!

 

Francisco Capacete

Escritor y abogado


domingo, 2 de enero de 2022

Papá, cuéntame otra vez...

 

…ese cuento tan bonito, canta Ismael Serrano, nostálgico de aquella década de los sesenta, años de protesta, inconformismo, lucha y aventuras con las que se persiguió un ideal de libertad y justicia. Este cantautor es heredero de aquellos otros que dieron voz y música a los miles de jóvenes que soñaron con cambiar el mundo. Aquellos trovadores de la protesta –ahora setentones- y este joven madrileño comparten una misma nostalgia de lo que pudo haber sido y, sin embargo, no fue. Berkeley y el mayo francés iniciaron un movimiento internacional que prometía un nuevo paradigma de sociedad y que, con el paso de las décadas y la intromisión de las drogas, el sexo y el rock and roll, se corrompió hasta la médula, convirtiéndose en un mero recuerdo que será solamente cantado de vez en cuando, siempre en clave derrotista.

¿Quiénes son los herederos de aquellos que dieron su vida y su juventud en calles, universidades y cárceles, por destruir una sociedad vieja y caduca? El hecho es que no ha habido relevo y la causa es que esa sociedad ha caído por sí sola. Ya no nos sentimos identificados con derrocar tiranos y clichés. Ahora no tenemos un tirano o dictador visible y los roles sociales han dejado de ser fijos e inconmovibles; ya no hay nada de nada “por la gracia de Dios”. Como el trabajo ya está hecho, nos hemos dedicado más cada uno a sí mismo. Individualmente nos hemos convertido en tiranos egocéntricos y socialmente nos hemos dormido en la pasividad y el conformismo.

Pero el trabajo no está terminado. Queda mucho por hacer. Es cierto que el mundo no es el mismo que hace setenta años y que ahora no es cuestión de derrocar gobiernos. Ahora es cuestión de terminar con ese pesado conformismo que nos ata las manos y el corazón. ¡Hay tantos gestos y pequeñas acciones que podríamos hacer para mejorar el mundo en que vivimos, fáciles de lograr y que no necesitan ni proyectos ni presupuestos! Ahora no se trata de luchar contra el capitalismo ni el comunismo. Estos siameses idiotas hace ya tiempo que perecieron. Lo que no ha desaparecido es la corrupción, la avaricia, la ceguera, la pasividad, la cobardía, la soberbia y la violencia. ¿Quién va a ir al frente de esta batalla? Nos damos cuenta que los muchos están dormidos en terapias y fiestas y los menos arrojan la toalla antes de intentarlo. No podemos seguir así. ¡No nos durmamos, todavía queda mucho por hacer!

Es necesario seguir luchando. Nuestra lucha no es la del materialismo histórico, la de la dialéctica entre opresores y oprimidos, entre los que tienen y los que no tienen. Nuestra lucha es mucho más universal y no crea bandos, pues si seguimos separando a los seres humanos en buenos y malos, seguiremos perdiendo la batalla.

Nuestra lucha es la de no tirar un papel en la calle, la de ser sensible con esa persona que sube al bus y necesita sentarse cerca de la puerta de salida, la de agradecer a quien nos cuida, la de no derrochar, la de compartir con quien tiene menos, tiene igual o más que uno, la de no abusar del plástico, la de no abusar de otros seres vivos. Lo importante es seguir luchando, no como lo imaginó José Ramón Flórez, sino como lo necesita el mundo de hoy, sin bombas ni metralletas, sin carros de combate ni drones teledirigidos. Tenemos que seguir luchando limpiando las playas, los aires, las calles y los hogares, pues no solo se batalla agitando puños o fusiles. También se lucha sonriendo con bondad de corazón, acompañando con alegría del alma al que siente pesada la carga de la vida. Se lucha hablando palabras claras y tiernas que ayuden a quienes las oigan. No olvidemos que se lucha, asimismo, pensando con libertad, construyendo un propio criterio de vida y reflexionando profundamente quienes somos y cómo queremos vivir de verdad.

Tenemos que seguir luchando para que cada vez haya más colegios y que los colegios sean dignos y no simples barracones; para que cada vez haya mejores hospitales que dejen de ser casas del horror aséptico despojadas de alma; para que cada vez haya más bibliotecas en cada vez más barrios; para que los barrios más desfavorecidos dejen de serlo y en sus calles los niños y los abuelos sean los únicos criminales porque maten la tristeza y la ignorancia con sus risas y experiencias.

¡Papá no me cuentes más cuentos bonitos! Yo quiero ser protagonista de los míos, yo quiero seguir luchando por un mundo que nos necesita a todos, cada uno en su puesto, con las manos laboriosas y los corazones encendidos de coraje. Dicen los sabios de la antigüedad que la vida es como una batalla, en la que si dejas de luchar estás muerto, mientras que, si te habitúas al esfuerzo cotidiano por el mejoramiento y la excelencia, dignificas la vida. Es necesario seguir luchando por vivir, para que vivamos todos lo mejor posible.

 

Francisco Capacete González

Filósofo y escritor

 


martes, 30 de noviembre de 2021

El ocaso de la competencia


 Hacía el último cuarto del siglo XVIII se coció la idea del “libre mercado” en las cabezas de algunos filósofos. Estos defendían que la libertad de intercambios era lo mejor para que el mercado gobernara las relaciones particulares con independencia de las monarquías. Esta idea favoreció la llamada “revolución industrial” que en torno a 1870 ya producía abusos laborales, miseria y descontento. Parecía que el libre mercado no era tan bondadoso como se había prometido. Entonces, en 1859 Darwin publica “El origen de las especies”. La hipótesis de trabajo que aportaba el autor consistía en que las especies actuales proceden de otras anteriores. La descendencia y diversificación/adaptación podrían ser posible gracias a la selección natural y la competencia.

Entonces ocurrió algo imprevisto, incluso por el propio naturalista de Shrewsbury. La burguesía tomó la decisión de elevar la hipótesis evolutiva de Darwin a la categoría de teoría verdadera porque era la mejor fundamentación para convencer a todos que las leyes de la competencia del mercado no eran algo artificial sino, como las de la evolución, creadas por la propia naturaleza. ¡Y el hombre creó la competencia! Vio que era buena (para una minoría) y la elevó a designio divino.

Desde ese momento no han dejado de realizarse investigaciones para defender la competencia como uno de los factores más importantes de la evolución de las especies. Se han repetido hasta la saciedad las escenas de machos luchando en la época de celo y las escenas de depredación entre animales, para demostrar que, efectivamente, todos los animales compiten. Así, se ha inoculado el dogma de la competencia en millones de cabezas, año tras año, década tras década. Es tal el grado de dogmatismo y fanatismo generado que las catástrofes humanitaria y ecológica creada por los abusadores del mercado no son suficiente para reaccionar. La mayoría silenciada sigue consumiendo ferozmente cual zombi rondando un cadáver.

A la luz de las últimas investigaciones ya no podemos seguir afirmando que la competencia sea un factor clave ni importante en la adaptación de las especies ni en la selección natural. Muchos investigadores han llamado la atención sobre la incorrecta interpretación de la selección natural en clave egoísta y por la supervivencia del más fuerte. Kropotkin propone como ley básica de la existencia no la lucha egoísta sino la cooperación. El egoísmo genético es criticado por muchos científicos. Y se está descubriendo que la cooperación, la colaboración, el mutualismo, la simbiosis, han estado presentes en la naturaleza mucho antes de que algunas especies compitieran en algunos ámbitos concretos.

Todas las cosas tienen un comienzo y un final. Todo comienzo que es la continuación de un final anterior y todo final es la antesala de un nuevo inicio. Esta es la ley de los ciclos que rige el movimiento del universo. Todo lo que se mueve viene y va, llevando y trayendo información y experiencia. Cada ciclo es una oportunidad de aprender algo más. Hemos llegado al final del ciclo vital de la competencia. Seguramente que algo habremos aprendido. Al menos a diferenciar la sana competencia de la salvaje lucha por tener más a cualquier precio. La sana competencia debe enmarcarse dentro del bien común, sino no es sana.

Dejemos de competir insanamente. La Guerra Fría fue una competencia cruel e insensata que produjo millones de muertos, desplazados y pobres. La competencia entre partidos políticos ha generado y sigue generando mentiras, miseria moral y corrupción. La competencia comercial ha elevado los precios y rebajado las calidades. La competencia industrial ha llevado al engaño para poder seguir contaminando y, todas estas competencias insanas, han construido la peor de las pesadillas: el mundo actual.

Ahora conviene dar inicio a un nuevo ciclo, una nueva visión de la vida. Colaborar todos para todos, proteger todos lo de todos, admirar todos lo que es de todos. Saber que mientras haya un solo ser humano que pierda, todos hemos perdido. Saber que, si nos unimos desde el corazón, nadie saldrá perdiendo. Esto no es una utopía, es una necesidad, es un nuevo ciclo al que, inevitablemente, vamos a llegar tras el ocaso de la competencia.

 

Francisco Capacete González

Filósofo y escritor

 

sábado, 21 de agosto de 2021

Lo que Afganistán nos enseña

 


Europa, como civilización occidental, tiene virtudes y defectos. Entre éstos, uno de los más recurrentes a lo largo de los siglos, se ha tornado en vicio: creerse llamada a liderar la marcha de la historia. Alejandro Magno invadió lo que en aquellos tiempos era Afganistán y los que en aquel entonces podríamos llamar afganos, esto es, el conjunto de pueblos que integraban una zona geográfica y humana concreta, le hicieron creer al macedonio que lo adoraban, respetaban y obedecían. En realidad, seguían su camino sin cambiar un ápice, esperando pacientes el momento de la salida de las tropas extranjeras.

La historia se repite en ciclos de tiempo y vida. Las tropas soviéticas dejaron el país por puro cansancio, lo mismo que los ejércitos occidentales. Y es que los afganos son tremendamente astutos, hacen creer al invasor que ha vencido, que está cambiando su país aportando cosas nuevas y, cuando al cabo de varios años, el invasor constata que en realidad no ha cambiado nada, se va con rostro cabizbajo y la sensación de que le han tomado el pelo.

El problema de todo esto es que por el camino se quiebran miles de vidas y millones de esperanzas, se malgastan miles de millones de dólares y se alimentan a los señores de la guerra que continuarán sojuzgando con el yugo de la esclavitud a millones de afganos. La última invasión de Afganistán ha enriquecido solamente a las empresas de seguridad privada y a determinados caciques del país, entre ellos, a los pashtún a través del presidente exiliado Ashraf Ghani y su jefe en la sombra Karzai. Obviamente, estos son títeres de los EE.UU.

Hagamos un ejercicio de imaginación. Vamos a suponer que España es invadida por el ejército estadounidense y que para gobernar al país apoyaran lo gallego. El presidente de Galicia se nombrase presidente de España y todas la formas sociales y culturales se supeditaran a lo gallego ¿Creeríamos a los americanos si nos explicaran que eso lo hacen para traernos la prosperidad y la riqueza a través de una democracia mejor de la que tenemos? ¡Y un rábano! Así es como se siente la inmensa mayoría de afganos, sean o no talibanes.

Tenemos que comprender que el problema no lo han causado los talibanes, el problema lo han causado los Estados herederos de la situación generada por la Segunda Guerra Mundial, EE.UU., Europa, Rusia y China. No pretendo justificar el modus operandi talibán, como tampoco tienen justificación las invasiones extranjeras que ha sufrido Afganistán. Todos sabemos que los EE.UU. actuaron con ánimo de venganza y por despecho ante el golpe bajo de las Torres Gemelas. Sabemos que los Estados de Europa han actuado con ánimo mercantil y que Rusia ha manejado hilos en la sombra con la venta de armamento a los talibanes. Pero a la opinión pública se le dice que llegan al país afgano para favorecer los valores democráticos y la misma democracia y, sobre todo, para defender a las mujeres afganas que son las víctimas preferidas de los talibanes. Esto no hay quien se lo crea, porque por la misma regla de tres, también debería ser invadida Arabia Saudita.

Recordemos que en esta monarquía absoluta la mujer es tratada como en el régimen talibán. Bueno, con una diferencia, ahora las sauditas pueden conducir. Según Amnistía Internacional, en Arabia Saudí, la mayoría de las mujeres tienen que vestir en público una abaya, una túnica larga negra hasta los tobillos, y un velo para cubrir la cabeza y el pelo, y que deja al descubierto solo parte del rostro. La policía religiosa vigila que las mujeres vistan de “manera apropiada” en los lugares públicos, penalizando de diferentes maneras a aquellas que no lo hagan.

¡Pobre Afganistán! Nadie escucha lo que tienes que enseñar. Nos enseñas que las invasiones no son la solución; que la democracia no puede imponerse porque es totalmente contrario a los valores democráticos, entre los que se encuentra el respeto a las diferentes identidades regionales; que nunca te dejarás engañar con promesas de progreso porque tú eres tan astuta que hueles desde lejos la estafa; y, por encima de todo, que todos los fracasos de la civilización occidental al proclamarse la garante del mundo están dejando bien claro que lo mejor que podemos hacer es ¡westerners go home!

Nosotros no poseemos la única solución a los problemas del mundo. Hay muchas soluciones que pasan por respetar las identidades regionales, los diferentes modos de gobernarse y las tradiciones culturales que enriquecen a la humanidad. La fraternidad es la idea que nos permitirá ayudarnos a ser mejores, nunca lo serán el mercantilismo ni los juegos sangrientos de la política internacional.

Francisco Capacete González

Filósofo, escritor y abogado

 

miércoles, 7 de abril de 2021

La crisis post-covid y la retirada sostenible

 

Llevamos un año de pandemia global durante el cual se han activado planes, programas y proyectos para luchar contra la propagación del coronavirus a todos los niveles. La lucha no ha sido fácil. Los virus son como aquel Ulises que logró escapar de la cueva del cíclope en la que se encontraba retenido juntos a sus compañeros de odisea. El rey de Ítaca, astuto e inteligente, disfrazó de ovejas a sus marineros quienes salieron hacia la libertad pasando desapercibidos y él mismo salvó la vida volviéndose invisible. Sí, se rebautizó con el nombre de Nadie y así cuando el cíclope preguntaba quién estaba allí, Ulises respondía con la verdad, “nadie”. La estrategia es memorable.

Así lo ha hacen los virus, se vuelven casi imperceptibles, casi indetectables. Primero por su tamaño y ligereza y, segundo, porque son maestros del disfraz, cuando se les detecta al fin, ellos mutan para volver a ser indetectables. La lucha contra la Covid-19 no ha sido fácil por las continuas variantes y mutaciones del coronavirus. Las medidas de contención no han sido 100% efectivas por la simple razón de que no existe ninguna medida 100% efectiva. Cuando Fernando Simón reconocía que el confinamiento se aprobó porque no sabían qué hacer, no está diciendo que no sea útil, sino que la epidemiología tiene sus limitaciones. La epidemiología es el cíclope, una rama de la medicina muy desarrollada, pero con un solo ojo.

Debido a estas dificultades los gobiernos del mundo entero, unos más y otros menos, han invertido numerosos recursos en la lucha contra la pandemia. Un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, ha estado monitoreando la cantidad de recursos que los gobiernos de 168 países han invertido para enfrentar la pandemia del coronavirus. El gasto fiscal a nivel global se acerca a los 8 billones de dólares. Esta cantidad no es exacta, es una estimación que nos sirve para hacernos una idea de lo que varios estados han comprometido como gasto. Cuando termine la pandemia vendrá otra dificultad, conseguir los recursos para cuadrar las cuentas públicas, porque el gasto se ha disparado y los ingresos han caído en picado. Nos tenemos que preparar para afrontar un decenio difícil durante el cual la vida se hará más incómoda, siempre y cuando deseemos mantener el mismo nivel de comodidad que hemos disfrutado hasta ahora. Por el contrario, si somos capaces de reaccionar y vamos renunciando a una serie de comodidades superfluas y otras innecesarias, la vida no se nos volverá más incómoda, sino más sencilla.

¿Qué ocurrirá si decidimos no comprar tanto como hacemos hasta ahora? ¿Qué nos ocurrirá si decidimos no consumir tanto como hemos consumido hasta ahora? En primer lugar, que gastaremos menos y, en consecuencia, no necesitaremos ganar tanto. Si no necesitamos ganar tanto, podremos trabajar menos y si cada uno trabajamos un poco menos, el trabajo se repartirá entre más gente.

¿Qué ocurrirá si en lugar de encender la calefacción o el aire acondicionado en casa, nos hacemos con una buena manta y con un buen manual de estoicismo para soportar con buen ánimo los calores de la canícula? Que la factura de la luz se abaratará y, reduciendo el consumo de eléctrico, favoreceremos la protección del medio ambiente. Lo mismo con el uso del coche y los aparatos electrónicos.

¿Qué ocurrirá si decidimos trabajar y consumir un poco menos? Que las empresas producirán menos y los beneficios se reducirán en la misma proporción. No pasará nada si los propietarios de las empresas también deciden simplificar su estilo de vida. Al descender el trabajo en el sector industrial, aumentará en el ámbito de los trabajos manuales y en el agrario/ganadero. A su vez, habrá que potenciar la autosuficiencia en todos los sectores de la población.

Con todo ello, se reducirá ostensiblemente la contaminación del medio ambiente, la explotación salvaje de los recursos naturales y la explotación indigna que aquélla produce en los dueños legítimos de los recursos. La pobreza y el hambre que han provocado la rapiña y avaricia de los países desarrollados –pero sin alma-, irán desapareciendo. En la medida que todos los pueblos dispongan de medios, recursos y educación, se pondrá freno a la compraventa de esclavos.

Todo ello sería posible si decidiéramos entrar en la dinámica de la retirada sostenible, es decir, de llevar una vida un poco más sencilla. Quién sabe, tal vez, aquello que no estábamos dispuestos a hacer voluntariamente y que la pandemia nos está obligando a hacer, sea una oportunidad histórica para corregir los excesos de la civilización occidental y mejorar el mundo ¡La Historia hace unos amagos y unas fintas increíbles!

Lo que escribo en este breve artículo parece irrealizable, sin embargo, es más factible que otras propuestas. A nivel individual, quien decida simplificar su vida saldrá ganando y quien pretenda seguir como hasta ahora sufrirá. Y, a nivel colectivo o mundial, lo utópico de mi planteamiento no le quita valor ni razón. Lo importante es poder pensarlo y soñarlo porque –como dijo el profesor Livraga- lo que un hombre es capaz de soñar, él u otros, serán capaces, algún día, de plasmar.

Francisco Capacete González

Filósofo y abogado


 

 


martes, 16 de marzo de 2021

¿Qué podrían hacer miles de sabios juntos?

 


Enseñaba Sócrates -el filósofo ateniense no el futbolista brasileño- que sabio no es la persona que sabe muchas cosas. Por el contrario, sabe de cierto sólo una, que no sabe. El que reconoce su ignorancia sobre las cosas fundamentales es un sabio. Confucio, por su lado, explicaba a sus discípulos que la persona que comete un error y no lo corrige, comete otro error y es seña de identidad del sabio u Hombre-Ju el corregir diligentemente los errores que va cometiendo. Así que la sabiduría tiene mucho que ver con la sinceridad con uno mismo y la honestidad con los demás y muy poco con la acumulación de datos o la perfección impoluta. 

Nosotros, como sociedad, y la humanidad en su conjunto, venimos cometiendo errores desde hace unos cuantos milenios. Por ejemplo, el crecimiento desmesurado de los imperios siempre generó problemas, guerras cruentas y pobreza. Este error lo tenemos muy presente porque las Guerras Mundiales del pasado siglo fueron provocadas por un crecimiento desmesurado de los imperios de aquel entonces. Nosotros, como sociedad, y la humanidad en su conjunto, hemos ido corrigiendo los errores cometidos y hemos aprendido cosas muy importantes. Por ejemplo, crear organismos internacionales mediante los cuales resolver de manera pacífica los conflictos entre países, unir las competiciones deportivas en la épica de las olimpiadas o dar nacimiento a organizaciones no gubernamentales que trabajan por el bien de los más desfavorecidos. Una de las conclusiones que podemos extraer de la historia es que siempre que hemos caído en una crisis hemos encontrado la manera de salir más fortalecidos. Podemos afirmar que la humanidad, aunque no lo parezca, posee cierta sabiduría.

Llevamos un año de pandemia durante el que hemos soportado de todo, confinamiento, cierre de negocios, soledad, desorientación, enfados, disputas, etc. Mucho dolor por las muertes y mucha felicidad por los que han salido bien de los hospitales. Los gobiernos han tomado las medidas restrictivas que han creído necesarias para evitar males mayores y también han tomado medidas de alivio y protección como paralizar determinados procedimientos sancionadores, autorizar la suspensión del pago de determinadas deudas y aprobar ayudas para las empresas y los trabajadores. Podremos estar de acuerdo o no con tales medidas, pero creo, sinceramente, que ninguno de nosotros lo hubiera hecho mejor.

Más allá de las opiniones personales que salen como géiseres de nuestros labios y escritos, tenemos que prestar atención a lo que realmente ha pasado y no quedarnos en el nivel superficial de las noticias y las críticas. Y una de las cosas que ha ocurrido realmente durante esta pandemia es que hemos estado un poco más pendientes de en qué podemos ayudar. La solidaridad ha sido una protagonista constante. Los colectivos sanitarios nos están dando un ejemplo intachable. Muchísimas personas y asociaciones han creado iniciativas de ayuda, ya sea recogiendo y repartiendo alimentos, ya sea, favoreciendo alternativas para los negocios locales. Nos hemos enfocado en lo social y no solo en lo personal. El resultado es que en un año se ha contenido la pandemia. ¡Esto es extraordinario! Si pensamos que en la Roma de los Antoninos las pandemias duraron hasta diez años, que en la edad media las pestes asolaban durante decenios y diezmaban a la población, y que la pandemia del SIDA, por tomar un ejemplo reciente, no se ha logrado estabilizar hasta al cabo de unos treinta años de identificarla, lo que estamos logrando entre todos puede convertirse en una de las victorias más grandes de la humanidad. Esta victoria no consistirá en acabar con una pandemia, sino en haber conseguido unirnos más allá de ideologías políticas, creencias religiosas, estratos sociales, apellidos y nacionalidades, por el bien de la humanidad, tanto la lejana, como la que vive en la puerta de enfrente.

De ser así, estaríamos corrigiendo uno de los errores, asimismo, más perniciosos que hemos cometido los seres humanos, el individualismo egoísta. A este error lo llaman en la filosofía oriental la Herejía de Separatividad, que consiste en la falsa creencia de que uno es una entidad personal desligada de los demás y que puede alcanzar la felicidad sin tener en cuenta a los demás. Nos hemos dado cuenta de que no podemos ser felices si no actuamos juntos, corazón con corazón, y hemos corregido el error del egoísmo. Para Sócrates y Confucio, hemos actuado como sabios. ¿Y si seguimos así, actuando como sabios? ¿Qué ocurriría si se unieran miles y miles de sabios?

Francisco Capacete González

Filósofo y abogado

 





sábado, 6 de febrero de 2021

La ética secuestrada

 

La antroposfera es la zona de la biosfera en la que se desarrolla la actividad humana. El desarrollo tecnológico ha permitido a las sociedades humanas aumentar exponencialmente su actividad, llegando a afectar a la casi totalidad de la superficie terrestre. Nos hemos imbuido tanto de tecnología que el filósofo italiano Luciano Floridi ha denominado infoesfera a nuestro entorno digital, el último mundo nacido de la tékne humana. Hemos creado un mundo sutil, etéreo, onditudinal, del que depende prácticamente toda la actividad humana. Por caminos invisibles, por rutas inextricables y senderos desconocidos, marcha la información que necesitamos para realizar nuestra actividad cotidiana.

Floridi ha identificado la inteligencia artificial de nuestros días como la responsable de una profunda ofensa al ser humano. Ha secuestrado nuestra libertad y, por tanto, nuestra sensibilidad ética. Así como el mercado manda lo que hay que comprar y vender, así como los modelos meteorológicos nos indican si podemos salir de excursión con la familia, de la misma manera, lo digital determina, despóticamente, la inmensa mayoría de nuestras acciones. ¡Cuántas veces no nos ha ocurrido eso de que “el programa no me deja”, cuando hemos ido a hacer una reclamación por un error de una gran compañía! ¡Qué tristeza observar que el médico de cabecera se ha convertido en un servidor del programa informático y, en lugar de mirar al paciente, mira la pantalla del ordenador como si fuera éste lo más importante! Qué denigrante descubrir que una inteligencia artificial está decidiendo lo que nos gusta. Y qué decir cuando queremos ser atendidos por un ser humano y lo que escuchamos al otro lado de la línea es un programa informático con voz cuasi humana.

Como todo ello es lo habitual corremos el riesgo de confundirlo con la realidad. No. No podemos consentir que nos convenzan que lo real es ese trato degradante. Los seres humanos merecemos un trato humano. La eficacia sola no basta, requerimos alma, arte, calidez, comprensión, empatía, solidaridad, compasión, ánimos, apoyo, abrazos, besos, miradas, en definitiva, espíritu.

Nos hemos secuestrado la ética y el espíritu humanos con la excusa de la eficacia. Eficacia como sinónimo de optimización de recursos. Optimización de recursos como sinónimo eufemístico de despidos y recortes de plantillas (no de ahorro energético e impacto ambiental). Eficacia como sinónimo de mejor servicio. Mejor servicio como sinónimo de rapidez e inmediatez (no de calidad). Rapidez como sinónimo de “cuanto antes, sea como sea”. Eficacia como sinónimo de barato, cueste lo que cueste.

La tecnología digital permite realizar muchos millones de procesos más que hace cincuenta años. La consecuencia es la devastación del planeta. Para fabricar artilugios digitales se destruyen selvas y pueblos enteros. Destruir un pueblo es destruir su historia, su cultura, su sabiduría, su futuro. Es destruir la diversidad humana. Las corrientes de circulación digital consumen inmensas cantidades de energía que sólo pueden generarse a través de centrales nucleares. Y ya sabemos adónde van a parar los residuos nucleares. A lugares donde seguramente afectarán al medio ambiente por miles de años. Gracias a la tecnología digital compramos y vendemos por todo el mundo, vendiendo sandías de China en Mallorca y sandalias de Menorca en Pekín. ¿Realmente necesitamos sandías chinas en Mallorca y los pekineses sandalias menorquinas? Seguro que no. El problema es que transportar las sandías y las sandalias requiere quemar mucho combustible.

La tecnología digital se ha infiltrado de tal manera en el ocio que los jóvenes y no tan jóvenes desatienden las relaciones humanas por su dependencia de los dispositivos digitales y la oferta de entretenimiento que ofrecen. Un entretenimiento tan superficial que cada vez es más difícil encontrar personas que piensen por sí mismas y tengan cierta capacidad de reflexión. Un hombre que no piensa deja de ser hombre y se convierte, en la era digital, no en un animal, sino en una máquina. A este ritmo, las inteligencias artificiales superarán con creces a la humana y es que se lo habremos facilitado enormemente.

El trato denigrante, la contaminación enfermiza y la deshumanización creciente son las lacras de la infoesfera. ¿Cómo hemos podido admitir todo esto? ¿Por qué no nos hemos levantado antes contra tal erosión de lo humano? El argumento preferido para justificar la tiranía de la tecnología digital a cualquier precio ha venido siendo la salud. Cada vez que se ha pronunciado alguien en contra del abuso de la tecnología, han contrarrestado sus argumentos con los grandes avances que lo digital ha producido en medicina. Ante el tema de la salud pareciera que tuviéramos que tragarnos nuestros reproches. Sin embargo, un repaso de la evolución de nuestras costumbres nos permitirá seguir argumentando en contra del abuso de la tecnología superando la excusa del avance en temas de salud.

Antes del desarrollo del consumismo se vivía de una manera más saludable. Los alimentos eran más naturales, las bebidas menos azucaradas, las carnes menos cancerígenas y los entremeses menos grasientos. Se vivía con un ritmo menos frenético y el estrés era mucho más bajo. Las dolencias cardíacas no llegaban, ni por asomo, a los índices actuales. Se respiraba un aire menos contaminado y, siendo el nivel cultural más elevado, los problemas psicológicos eran menos y menores. Pero llegó el consumismo y lo trastocó todo, produciendo, a su vez, más enfermedades y agravando las ya conocidas. Ante tal panorama producido artificialmente, la medicina tuvo que ponerse a encontrar remedios y, con ayuda de la tecnología digital, ha fabricado muchos medicamentos y tratamientos para curar los desarreglos del consumismo. Así, el avance en tecnología médica está propiciando la continuidad de la sociedad enferma.

No podemos dejar que la tecnología digital dicte nuestra manera de vivir, de pensar, ni de sentir. Mientras tengamos la ética secuestrada por la eficacia, no nos daremos cuenta del entuerto en el que estamos metidos. Salgamos de aquí concienciando que la eficacia no vale a cualquier precio y menos al precio de vender nuestra alma y nuestra identidad.

 

Francisco Capacete González

Abogado y filósofo

 


miércoles, 4 de noviembre de 2020

No hay dinero para los funcionarios


 

 

Según informaba este rotativo hace unos días, el Govern ha aprobado el proyecto de presupuestos para el próximo año que ascenderán a 5.881,5 millones de euros, lo que supone un 0,2 por ciento menos que el de 2020. La Consellera de Hacienda, Rosario Sánchez, presentó los presupuestos en una rueda de prensa. Preguntada por el anuncio sobre la congelación del sueldo de los empleados públicos, ha indicado que “en las circunstancias actuales se han priorizado otras cuestiones que no son el incremento de sueldos”.

Obviamente, los sindicatos han puesto el grito en el cielo. Uno de sus argumentos es que aquellos que han sacrificado más para contener la pandemia han sido los funcionarios y lo que reciben a cambio es una pérdida de su poder adquisitivo. No es justo.

Los presupuestos están disponibles en internet para toda la ciudadanía. Cualquiera los puede consultar. Yo lo he hecho, pero tengo que admitir que no he entendido ni papa. No obstante, algunas cosas he pillado. Vamos a ver qué ha priorizado el Govern en sus presupuestos que ha impedido revalorizar los salarios de los funcionarios.

En prácticamente todas las direcciones generales e instituciones de la Comunidad Autónoma, además de en el Parlament, se ha priorizado que continúe el gasto en prensa, revistas y otras publicaciones. Entre 16.000 y 500 €, para cada dirección general. Los servicios comunes tienen presupuestado un gasto de prensa de 105.000 €. Esta partida incluye, fundamentalmente, los periódicos que van a tener a su disposición los directores generales, los altos cargos, consellers y presidentes. Me pregunto si no hubiera convenido más a un criterio de solidaridad y equidad, que durante el 2021, año durante el que la crisis va a afectar trágicamente a las islas, la Presidenta, los políticos y altos cargos, como gesto solidario, se pagaran de su bolsillo los periódicos y publicaciones que desearan leer, como tiene que hacer cualquier ciudadano de a pie, en lugar de cargarlo al erario público.

Siguiente punto espinoso es la indemnización por residencia. Lo que cobra un funcionario de carrera es apenas el 3% de lo que cobra por este concepto un político, denuncian los sindicatos. Sin embargo, en los presupuestos para el 2021, no existe ninguna rebaja en esta indemnización para la clase política. Me llevo las manos a la cabeza y pienso si los políticos no podrían haber realizado un pequeño esfuerzo solidario y haberse apretado un poquito el cinturón, reduciendo las cuantías de esa indemnización a lo mínimo. Sobre todo, teniendo en cuenta que, como dicen a los medios, todos nos tenemos que sacrificar para salir de esta crisis.

Siguiente partida de los presupuestos que llama mi atención, la comunicación institucional. Se le asignan casi 3.000.000 euros. La comunicación institucional es una manera fina de hablar de propaganda política. Por ejemplo, ese cartel enorme que hay en las obras de las carreteras anunciando que se están realizando obras en la carretera gracias al gobierno de turno y a los fondos europeos, es propaganda que tiene la intención de rentabilizar electoralmente. Este tipo de anuncios no son necesarios, así como anuncios de una página en los periódicos informando de lo que está haciendo el Govern. Se ha priorizado continuar con este gasto en lugar de dotar de mayor poder adquisitivo a los funcionarios.

También ha priorizado el Govern por encima del aumento del sueldo de los funcionarios, el gasto en postales. A ver, ¿ustedes creen que en medio de la mayor crisis que está viviendo esta comunidad autónoma, no puede la Administración renunciar a las postales?

Déjenme ilustrarles con otra atrocidad presupuestaria más, otro ejemplo de las prioridades del Govern. Hay partidas de dietas. Hay partidas de gastos por la asistencia a reuniones y conferencias. Hay partidas de gastos de traslados, además de gastos de gasolina de los coches ¡Qué bien que nos la meten! Además de pagar la asistencia a una reunión o a una conferencia, hay que pagar por el traslado y por las dietas. ¡Por lo mismo, estamos pagando a determinados cargos de la Administración Pública, tres veces! Esto es lo que ha priorizado el Govern por encima del salario de los funcionarios.

Si sumamos el importe total de todas las partidas innecesarias en tiempos de crisis, si reducimos las retribuciones de políticos y altos cargos, los únicos que no se congelan sus prebendas económicas, salen las cuentas y pueden aumentarse los salarios de los funcionarios en proporción al encarecimiento de la vida y a su merecido reconocimiento en esta crisis que es, digámoslo bien alto, cuestión de todos, también de los políticos.

Francisco Capacete González

Filósofo y abogado

 

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

El Estado sale al rescate



Ya prácticamente nadie recuerda el rescate de la banca española que se realizó como consecuencia del agujero financiero que provocaron intencionadamente las entidades bancarias y que tuvo su momento más agudo en 2008. Las negociaciones comenzaron en junio del 2012 y en diciembre ya estaba todo arreglado. Seis meses para un proceso muy complicado en el que participaron la comunidad europea, el estado español, auditores internacionales, entidades bancarias, se crearon organismos como el FROB y el SAREB, todo ello en un tiempo récord. Todos los mecanismos administrativos de varias instancias se pusieron a trabajar a destajo para que la banca española no terminara en la uci por insolvencia aguda. El Estado salió al rescate de unas empresas privadas con un frenesí digno de súbditos que adoran a sus dueños.

Desde el estado de alarma, el Estado ha tenido que salir al rescate de otras empresas privadas y de los trabajadores que están padeciendo los efectos, no de su avaricia –como fue el caso de la banca-, sino de una pandemia que nadie podía prever.

¿Cuánto tiempo durarán las negociaciones y cuánto tiempo tardará el estado en pagar los ERTES a los trabajadores? ¿Trabajará tan duro como lo hizo con la banca? ¿Se coordinarán las diversas administraciones para lograr el objetivo lo antes posible? Las respuestas, desgraciadamente, son negativas. Llevamos más de seis meses y todavía se están negociando las prórrogas de los ERTES. La administración central y las administraciones autonómicas se enfrentan y no se ponen de acuerdo. Aunque en junio el Gobierno aseguraba que de los casi tres millones y medio de trabajadores afectados por ertes sólo quedaban unos trescientos mil por cobrar, otros agentes sociales y políticos lo desmentían y hablaban de un millón. Pero, más allá de los datos publicados en boletines y entrevistas, en la calle se escuchaban y se siguen escuchando las voces de aquellos trabajadores que siguen mirando con esperanza sus cuentas bancarias, para saber si se les ingresa la paga prometida. ¡Espero que no tengan que esperar tanto como el pueblo hebreo para pisar la tierra prometida!

En junio el CSIF (Central Sindical Independiente y de Funcionarios) pedía al Gobierno que aumentara la plantilla de funcionarios para tramitar los ERTES que iban llegando y los que presentaban irregularidades ¿Creen ustedes que el Gobierno hizo lo mismo que con la banca, que creó dos entidades ex profeso (FROM y SAREB) para coordinar el rescate y sus consecuencias? No lo crean, ni un solo funcionario más de los que ya estaban adscritos a los servicios de tramitación de los ERTES. No se ha creado ninguna oficina especial, no se ha asignado ningún funcionario extra, los teléfonos de cita previa no funcionan o están colapsados y las páginas web no tienen respuestas concretas.

¿Cómo es posible que la Administración pública –da igual el partido que gobierne- implemente toda una serie de medidas e instrumentos para salvar a la banca en un tiempo récord y que no haga lo mismo para salvar a los trabajadores? Esta es una cuestión de intenciones, no de imposibilidades legales ni procedimentales. Y es que los partidos políticos tienen sus favoritos, todos ellos prefieren a la banca, a las eléctricas, a las farmacéuticas, etc., antes que a los trabajadores. Esto es un hecho, se diga a voces o no.

Los partidos que integran el Gobierno del Estado cambian cada equis elecciones. Se van turnando la derecha y la izquierda regularmente, rítmicamente, diríase consensuadamente, alternándose políticas que de cara a la galería parecen más liberales unas y más sociales otras. Sin embargo, en las cocinas y cloacas del Gobierno se cuecen las mismas intrigas, los mismos ocultos proyectos, las mismas absurdas medidas, los mismos corruptos propósitos. Da igual el partido que gobierne, el palacio sigue oliendo a podredumbre.

La Política no es esto. La Política es la ciencia y el arte de conducir a los ciudadanos hacia un ideal de justicia que podemos llamar “civilización”. Una civilización es una sociedad que tiene conciencia de su propia identidad integrando las diferencias y los matices en un proyecto común. La Política tiene más de filosofía que de economía porque necesita de ideas claras y elevadas para servir a todos los ciudadanos sin excepción. Un Político es un ciudadano que ha aprendido a conducirse a sí mismo y, por esta razón, puede ayudar a conducir a los demás. Es una persona austera, sencilla, digna, independiente de los poderosos y de los miserables, afable con los gobernados, sensible con los desfavorecidos, tajante con los injustos y dialogante con los países vecinos. Confucio lo describió con el ideal del Ju y Platón con el ideal del Guardián. Ambos explicaron que un verdadero Político sirve exclusivamente a la Justicia y a su Pueblo.

Francisco Capacete González

Abogado y Filósofo

viernes, 21 de agosto de 2020

Las crisis de la crisis

 

La historia, como todo en este universo, sigue la ley o principio de causalidad. Los fenómenos históricos, los hechos, vamos, lo que pasa, es la consecuencia de hechos anteriores que los han producido. Todo tiene una causa y toda causa tiene una consecuencia. A esta ley los orientales le llamaron karma. Vivimos un momento de la historia de la humanidad muy interesante porque se están precipitando las consecuencias de las crisis anteriores y esto nos permite enlazar unas causas con otras, en una cadena que puede darle sentido a nuestro presente. Si sabemos por qué ocurren las cosas duelen un poco menos y podemos encontrar una solución más eficaz.

Dicen los físicos que la materia es energía y que la energía tiene el poder de mover la materia. Efectivamente, sin la energía generada por la combustión o por la electricidad, el coche no se mueve. Dicen los filósofos orientales y los psicólogos que las emociones y los deseos mueven la energía y efectivamente, por muy cansados que nos encontremos, si nos invitan a algo que nos gusta mucho sacamos ganas y energía hasta de debajo de las piedras. Y lo psíquico puede ser equilibrado por lo mental porque las ideas tienen el poder de darle forma, sentido y armonía a todo lo demás. Existe una especie de cauce natural en la que lo mental se vierte e influye en lo psíquico, lo emocional, a su vez, lo hace en el ámbito energético y éste en la materia. Por lo tanto, las crisis materiales tienen su causa en las crisis energéticas, éstas en las crisis psicológicas, que son causadas por crisis mentales y, en última instancia, estarían las crisis de valores espirituales. Vamos a ilustrar esto con ejemplos recientes.

Nos encontramos inmersos en una crisis material, la que afecta a nuestra salud y nuestro cuerpo. Esta situación no debe hacernos olvidar que un número importante de seres humanos y animales sufren una crisis mucho más material y angustiosa que es la falta de recursos para sobrevivir. También es una crisis material. Es la que más se ve. Es la menos invisible, la más impactante, como todo lo material. La causa de esta crisis la vamos a encontrar en la crisis energética. La crisis del petróleo que ocurrió en los setenta, inició un periodo de angustia que se intentó superar con la especulación y la acumulación de riqueza. Miles de millones de seres humanos perecieron a consecuencia de la avaricia de unos pocos. ¿Se acuerdan de las crisis humanitarias de los setenta y ochenta? No se buscó la causa de la angustia, sino que se tapó la herida y se siguió adelante, a pesar del tufillo creciente a podredumbre. En los noventa llegó el paraíso para la clase media que creció y se enriqueció, cada uno a su medida. Euforia económica y consumista. Borrachera de éxito. Al día siguiente llegó la resaca (crisis económica) y cuando se pasaron los efectos de la juerga, gracias al café cargado de la burbuja inmobiliaria e hipotecaria, se destapó la herida que ha venido a desembocar en la crisis sanitaria de la Covid-19 y la Covid-20 (la reciente mutación del coronavirus).

La crisis económica que ha generado una deuda pública inasumible, niveles de paro desbordantes, situaciones críticas de bancos y empresas, etc, fue generada por la crisis psicológica que supuso la Segunda Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría. El uso de la bomba atómica contra población civil en Nagasaki e Hirosima y los campos de concentración alemanes y soviéticos, traumatizaron a millones de personas en todo el globo. ¡Qué miserables habíamos llegado a ser!  ¿Dónde quedaban los derechos humanos, la dignidad, todo aquello por lo que los demócratas del mundo habían luchado? ¿Quiénes eran el bueno y el malo en esta película? Y para rematarlo, Vietnam. Ya no importaba nada, los valores humanos se defenestraron y se abrió la puerta a la especulación salvaje, a la experimentación con los pueblos y a la crisis económica que se fraguó, precisamente, por la falta de valores humanos que aprovecharon los avaros sin alma.

La psiquis colectiva estaba débil por la crisis mental, es decir, de las ideas y el conocimiento. La hallamos en los años veinte con los inicios de la física cuántica y la crisis del materialismo. Cuando todo el mundo pensaba que ya no quedaba nada más por descubrir y que el cosmos quedaba explicado por las leyes que reformuló Newton, entran en escena las partículas subatómicas con su obsesión por comportarse, a la vez, como partículas y como ondas, es decir, como materia y como energía. Con el desarrollo de la física de partículas o mecánica cuántica, se fue descubriendo que el mundo no era como se pensaba y que el tiempo y el espacio no eran sólo lo que se conocía hasta el momento. La crisis mental o del conocimiento fue la duda, una duda propiciada por los filósofos nihilistas y existencialistas y, en mayor medida, por los tres filósofos de la sospecha, Nietzsche, Marx y Freud.

Si queremos, de verdad, superar la crisis que vivimos en estos momentos, no basta con las medidas higiénicas y profilácticas, es necesario comenzar por tener unas ideas claras -este es el gran valor de la filosofía-, armonizar las emociones y deseos -por ejemplo, haciendo ejercicios de desear menos cosas- y, por último, administrar nuestra energía y nuestro dinero en base a valores humanos y no al egoísmo ni la avaricia. Durante cien años hemos dejado que el mundo se vaya cayendo sin hacer nada por evitarlo. La consecuencia es que ahora nos encontramos con mucho por hacer. Hay que volver a construirlo. ¡Levántate, Lázaro y levanta el mundo! ¡Así se superan las crisis!

Francisco Capacete González

Filósofo y abogado

 


miércoles, 15 de julio de 2020

Los gatos de Cala Gat

Petición · No a la retirada de la colonia felina legalizada de ...

Informaba Diario de Mallorca el pasado 5 de julio que el ayuntamiento de Capdepera ha ordenado el cambio de ubicación de la colonia felina de Cala Gat, después de haber recibido quejas de vecinos de esta zona urbana, manifestando que no desean esta instalación en un área residencial. Los problemas con las colonias felinas son, desgraciadamente, un problema de desinformación. La ciudadanía no sabe los múltiples beneficios que aportan las colonias controladas de gatos. Algunas personas opinan que no traen más que problemas. Sin embargo, esto no es cierto. La otra vertiente de la desinformación es el desconocimiento o poca formación legal que tienen la mayoría de técnicos municipales y concejales respecto a la regulación legal del tema. Veamos qué dicen las leyes.

Las competencias de los ayuntamientos se regulan fundamentalmente en los artículos 7, 25, 27 y 36 de la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local. El artículo 25 de la LRBRL recoge las competencias específicas de los municipios, señalando que los mismos ejercerán en todo caso como competencias propias en las siguientes materias:

j) Protección de la salubridad pública.

En este epígrafe entran todos aquellos temas que tienen que ver con las condiciones de salud pública, esto es, las condiciones saludables del entorno urbano o rural en el municipio. La proliferación de animales sin control puede afectar a la salubridad pública por cuanto pueden convertirse en vectores de transmisión de zoonosis. Los animales que no tienen dueño también son competencia de los ayuntamientos. Por consiguiente, corresponde a los ayuntamientos la regulación de las colonias felinas. Como el municipio de Capdepera, en el que se ubica la colonia felina de Cala Gat, no ha regulado las colonias felinas, debemos considerar a los gatos que las componen como animales domesticados e ir a lo que la ley ordena para estos.

La Ordenanza de medidas para fomentar y garantizar la convivencia ciudadana en el espacio público de Capdepera establece en su artículo 230 que “El trato que reciban los animales se ha de regir por criterios humanitarios. Queda prohibido dañarlos y tratarlos con crueldad, sean de la especie que sean”. Esto significa que, de aprobarse el traslado de una colonia felina, debe realizarse de manera gradual, para que los gatos no sufran por el cambio de localización. Se sabe que los gatos son extremadamente territoriales y sufren mucho que se les separe de su territorio. La reubicación de una colonia de gatos no es fácil y debe realizarse siguiendo un protocolo avalado por un técnico entendido en comportamiento animal.

El artículo 267 dispone que “La captura y el transporte de los animales se hará siguiendo criterios humanitarios, con técnicas adecuadas a cada animal, en condiciones higiénicas y con garantías para la seguridad del personal que participe. El personal que se encargue ha de ser especializado”. El ayuntamiento de Capdepera debe dedicar personal especializado a la reubicación de la colonia de Cala Gat. Así lo ordena su propia normativa. Y la captura y transporte de los gatos de la colonia debe realizarse de tal manera que los gatos no sufran gratuitamente. La captura ha de ejecutarse con jaulas trampa adecuadas, guiándose en todo momento por la etología propia de la especie. El transporte y la nueva zona donde se ubicará la colonia debe seguir el criterio dictado por la autoridad científica para que los gatos se desorienten y orienten sin padecer más estrés del estrictamente necesario. Esto no es difícil siempre y cuando se cumpla con lo que indican los especialistas.

La Ley 1/1992, de 8 de abril, de Protección de los Animales que viven en el entorno humano establece en el artículo 3 que se prohíbe infligir daños, sufrimientos o molestias gratuitas a los animales. Los vecinos que no toleran a los gatos o a las colonias deben tener claro que cualquier conducta que atente contra ellos puede suponer una infracción administrativa o, en los casos graves, un delito. Asimismo, el ayuntamiento debe cuidarse de no forzar la reubicación de los gatos porque podría incurrir en una infracción administrativa.

Para que las Entidades locales puedan cumplir con todas sus responsabilidades necesitan una suficiente financiación, personal formado y medios materiales suficientes. A día de hoy, pocos son los municipios que pueden implementar los medios materiales y humanos para cumplir con todas sus competencias en materia de protección animal. Sin embargo, no pueden hacer dejadez de sus funciones. Los ayuntamientos deben proteger a todos los animales que se encuentren en su municipio. El ayuntamiento de Capdepera debe proteger, porque la ley así lo ordena, a la colonia felina de Cala Gat.

El papel de las Entidades locales en la protección animal es crucial y cada vez lo será más. Pensar globalmente y actuar localmente adquiere más significados y relevancia a la luz de las competencias que tiene atribuidas en materia de protección animal.

Francisco Capacete González

Especialista en Derecho Animal

 

 


domingo, 14 de junio de 2020

La gran epidemia del plástico


Desde cierto punto de vista todos los seres humanos somos filósofos, porque nos hacemos preguntas sobre el origen de las cosas, sobre las cosas mismas y sobre su futuro o destino. ¿De dónde vengo, quién soy y adónde voy? Son las tres cuestiones fundamentales que recogen todas las preguntas que nos planteamos sobre las cosas de la vida. En los últimos años, algunos grupos ecologistas, activistas de todo el mundo y filósofos nos venimos preguntando ¿adónde va el plástico?

Las corrientes de la bahía de Manila llevan diariamente a una de las calas toneladas de plásticos que llegan al mar desde múltiples lugares de Filipinas. El municipio al que pertenece aquella cala y las organizaciones ecologistas recogen lo que pueden cuando las tormentas depositan los desechos en tierra firme. Pero al día siguiente, un nuevo cargamento anónimo de residuos plásticos, regresa paciente al frente de sus costas, cual caimán acechando a sus presas apostado cerca de la orilla.

No hace falta irse al sudeste asiático o al pacífico para descubrir la plaga plástica que ha alcanzado proporciones bíblicas. En nuestra Serra, lugar paradisíaco según los folletos turísticos, los buitres escasean y los envases proliferan. Es imposible recorrer cien metros sin cruzarse con algún residuo plástico. Envases de refrescos, bolsas, tapones, recipientes, filmines, toallitas, palillos, tarjetas, zapatillas, tiritas, bolsitas de geles, bandejas, encendedores, bolígrafos, pajitas, lonas, cubiertas de móviles, cajetillas de cigarrillos, juguetes, cajas, tetrabriks, bridas, monturas de gafas de sol y muchos otros ejemplares de esa fauna inextinguible, me encuentro en mis excursiones y acampadas.

¿Este es el destino del residuo plástico? ¿El medio ambiente? El plástico es un producto que se fabrica con derivados de los carburantes fósiles. Es prácticamente inmortal porque tarda muchísimos cientos de años en degradarse. Además, sólo un pequeño porcentaje puede efectivamente reutilizarse, de modo que el 97% del residuo plástico que se produce en el mundo no regresa a la cadena de utilización. Su destino es el medio ambiente, basureros subterráneos o las centrales de incineración. Dicho de otro modo, el 90 % del plástico que se fabrica en el mundo termina, directa o indirectamente, contaminando el planeta.

El residuo plástico se ha convertido en un problema global de contaminación, cuya solución es compleja y difícil. Hace unos cuarenta años que comenzó a introducirse el plástico en la cadena de consumo. Al principio se elogiaban sus características. Campañas de publicidad y marketing lograron convencer a los consumidores que la vida sería más fácil y agradable con el plástico. Es cierto que es un material que permite fabricar cosas que con otros materiales serían menos eficaces, como sucede con elementos que se usan en medicina. El problema es que la producción masiva de plástico ha crecido exponencialmente en los últimos 15 años sin que se haya logrado crear una alternativa efectiva para el destino contaminante del mismo.

Cada vez somos más conscientes de la grave contaminación derivada del abuso del plástico. Ante este problema las multinacionales productoras y los gobiernos han ido implementando políticas y campañas de reciclaje. Desgraciadamente, ha sido más un lavado de imagen que otra cosa. Sabemos que el reciclaje se ha convertido en otro negocio. Gran parte del plástico que las empresas de reciclaje recogían, lo vendían a empresas chinas, sin importarles el destino final, hasta que el gobierno chino lo prohibió. Entonces hubo que buscar otras empresas de otros países que pudieran hacerse cargo de las toneladas de residuos que se acumulaban en las naves occidentales. Pronto aparecieron pues el negocio es redondo. En Tailandia, Filipinas y otros países con una legislación medioambiental permisiva, existen empresas que cobran por recibir los residuos y depositarlos, sin ningún tipo de reciclaje ni medida anti-contaminación, directamente en el suelo de sus parcelas. Miles de empresas de reciclaje no reciclan, solamente depositan los residuos en vertederos privados. Estas empresas, que no pasan auditorías, sirven a las empresas occidentales para ocultar la huella contaminante del plástico. Así logran las empresas y países occidentales sus certificados de bajo impacto ambiental y una buena imagen como instituciones realmente preocupadas por el reciclaje. En verdad, que lo que están haciendo es poner su basura bajo la alfombra del vecino.

Frente a estas prácticas es necesario que los gobiernos obliguen a la responsabilidad extendida del productor, para que las empresas se hagan cargo efectivamente de los envases y envoltorios. Así, se podría frenar el exceso de envasado.

En el otro lado, estamos los consumidores. Nosotros también tenemos parte de responsabilidad en el asunto. Recomiendo seguir la filosofía del residuo cero. Al principio es complicado, pero con un cambio gradual de hábitos podemos generar hasta un 80 % menos de residuos. Fundamentalmente, se trata de no consumir productos extra envasados, priorizar la compra de proximidad y no caer en la tentación de tirar nada al suelo. Lo que lanzamos al suelo no desaparece, aunque dejemos de verlo. Imagínate que los 7.000 millones de personas que habitamos el mundo actualmente, tirásemos al suelo cada día un envase de plástico. No podríamos salir de casa. Pues esto es, en verdad, lo que está pasando. Trabajemos por curarnos de la gran epidemia del plástico.

 

Francisco Capacete González

Filósofo